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ZAZA SEPULTA LA POLÉMICA CON GOLES

Mina y Zaza festejan uno de los goles de ayer del italiano en Mestalla. / M. Molines

El italiano marca tres tantos en ocho minutos y el Valencia se da un festín

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Zaza durmió feliz. Extasiado. El italiano, argumento para la polémica por su suplencia ante el Levante UD, marcó ayer para satisfacción propia y ajena. Tres goles en ocho minutos. Glotón, hambriento de gol. Zaza se llevó a casa el balón firmado como regalo para Chiara, su pareja del alma. Marcelino García Toral maneja como nadie el palo y la zanahoria. El sábado ante el Levante hubo palo, para que al italiano se lo llevaran los demonios, reaccionara y bajara a la tierra. Nadie es intocable. El lunes, en la rueda de prensa previa al partido ante el Málaga, el técnico mostró la zanahoria. La receta funcionó para el triplete del italiano, arropado por el cariño de Mestalla. Marcelino pasó página y Zaza le dio carpetazo. La felicitación tras el cambio fue una pipa de la paz, si es que alguna vez hubo guerra. Zaza tenía dos caminos. Eligió el más inteligente. Su primer gol, el segundo del Valencia, mató el duelo. Minutos después, con su segundo tanto y el tercero del partido, liberó la tensión. Y el tercero, cuarto del encuentro, ya fue un festín merecido.

El italiano, perfectamente asistido desde las bandas, se marchó al banquillo antes del minuto setenta en olor de multitudes. Zaza, quizá, haya entendido que más allá de la pelea y entrega lo que quiere su entrenador es que sea el rematador del Valencia CF. Una metralleta. Ayer marcó tres tantos de nueve puro. Un delantero vive del gol. Zaza, más allá de polémicas estériles, debe echar la vista atrás para analizar que hace un año vivía un calvario en el West Ham y ahora tiene la oportunidad de reivindicarse ante el fútbol mundial. Otra cosa será perder el tiempo. Los cinco goles del Valencia, además de mantener al equipo invicto y enganchado a los puesto de arriba, sirven para aparcar el debate de la falta de efectividad. Como el bálsamo necesario para afrontar futuros partidos. Es cierto que el Málaga CF, tras el segundo tanto, se desplomó para ser un títere en manos del Valencia. Hasta ese momento, los de Míchel propusieron. A partir de ahí, sólo pidieron la hora. Marcelino, hábil en el manejo del grupo, dio entrada a menos habituales como Maksimovic y dio descanso a piezas fundamentales como Parejo y Kondogbia.

Rodrigo Moreno, suplente por primera vez esta temporada, también ha soltado lastre tras su gol ante el Levante. Ayer sustituyó a Zaza para liberarse y marcar el quinto. Con el viento a favor, el hispanobrasileño coge velocidad. Cerró un banquete que abrió Santi Mina al cuarto de hora. Para desatascar el juego, para que el partido trampa al que aludió Marcelino en la rueda de prensa previa no lo fuera. El movimiento del gallego fue de listo. Soler le puso un balón a medida y Mina, hábil en el juego de pies para buscar la mejor posición de remate, cambió el paso de baile con la cabeza. Roberto sólo pudo ser testigo directo del gol.

Los dos equipos comparecieron en Mestalla en plena revolución del once. Al inicio del partido la apuesta de Guedes en la izquierda parecía ganadora ante la falta de rodaje de Cifuentes. El luso propone, aporta cosas y siempre presenta una tendencia a mejorar. Al inicio del encuentro el Valencia buscó esa banda. Pero tras el gol de Mina, el Málaga, que nunca le perdió la cara al partido en la primera parte pese a ir por detrás en el marcador, puso a la tropa a buscar el empate. Las limitaciones de los andaluces son propias de un presidente que ha decidido desmontar el bloque para tapar los agujeros con retales. A pesar de los inconvenientes, los de Míchel mantienen la dignidad. Otra cosa es que el técnico siga en el banquillo tras el desastre de anoche.

Cifuentes empezó a liberarse de Guedes y en su alianza con Mula empezó a poner en problemas a Lato. Un minuto después del gol de Mina la tuvo el Málaga con un cabezazo de Rolán tras centro de Cifu. El balón pegó en el brazo de Gabriel en su camino hacia la portería. Neto salvó el empate con una gran intervención y el debate sobre si había sido o no penalti quedaba para el postpartido. Para la moviola también sirvió una caída de Zaza en él área. Una maniobra que definió muy bien el perfil de futbolista del italiano. Jugada de tiralíneas con pase sutil de Montoya a Soler que regaló una asistencia al italiano dentro del área de esas que casi sólo hay que empujar. El defensa del Málaga incordió lo suficiente para que el balón no saliera limpio de los pies del italiano. En su ovillo con Roberto pidió penalti. Pudo haberlo.

El guante de Soler

El Valencia, con Kondogbia como uno de los grandes ladrones de balones de la Liga, buscó la portería rival. Cada balón que cae en los pies de Carlos Soler siempre se traduce en un acontecimiento. El canterano, conforme pasan las jornadas, asimila la misión que le encarga Marcelino en unos terrenos ajenos en un principio para él. Soler es tan bueno que su juego no tiene ni trampa ni cartón.

El Málaga siguió a lo suyo. Como el sábado en el Wanda Metropolitano ante el Atlético de Madrid. Y pudo empatar. La ocasión la tuvo Mula, un canterano al que todavía le faltan varios grados de experiencia para resolver situaciones vitales para el éxito de su equipo. Mula es bueno pero será mejor si se sosiega. Tras un rosario de rebotes y errores se quedó delante de Neto con todo a favor. Lo que olía a gol derivó en un paradón del portero del Valencia. El brasileño es de notable alto debajo del larguero.

La segunda parte no tuvo más historia que el relato que escribió Zaza. El delantero, a base de remates cazados tras centros de Soler y de Montoya, vivió su gran noche. Sepultó la polémica con goles, acuchilló al Málaga y durmió feliz. El Valencia, aunque sea de manera puntual, anocheció en Champions y vio como el gol, una vez más, estuvo acompañado por la portería a cero. El domingo ya espera la Real Sociedad en Anoeta.

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