Valencia CF: Guedes salió de la lámpara

Nacho VIdal en el momento de salvar la salida de Rulli y marcar el segundo. / EFE/Herrero.

Zaza convierte en el gol del triunfo una genialidad del luso en un partido loco

HÉCTOR ESTEBAN

En el caos el más tarado triunfa. Y eso es Guedes. Un pirado mayúsculo. Autodidacta en el atrevimiento. Lo que hizo ayer el luso para que el Valencia ganara el partido es propio del recreo. Donde ni hay orden ni sistema ni disciplina. Guedes, el más loco de ese manicomio que fue ayer Anoeta, dio la asistencia a Zaza para que el italiano, en la única vez que apareció en escena, marcara el tercero para que el Valencia siga invicto y en Liga de Campeones. Con el partido destrozado, Paulista puso un balón largo para la carrera de Guedes. El luso, una vez en el área, cuando la norma invita a disparar a puerta, retorció su cintura para dejarle con la derecha una asistencia para el gol de Zaza. Guedes pasó de loco a genio con un gesto.

El Valencia ganó ayer en Anoeta por puro convencimiento. En un partido de esos que no entran en el universo de Marcelino. Un encuentro con demasiados matices, con un extraño deseo en el Valencia de brindar demasiadas oportunidades a la Real Sociedad y con errores en defensa impropios de los equipos del técnico asturiano. Es fácil que esta semana haya hasta triple sesión de vídeo para ajustar la holgura de algunas piezas. El encuentro fue vistoso. Dos veces se puso el Valencia por delante y las mismas veces se dejó empatar. Y además, cuando pudo disfrutar de superioridad en la fase final tras la expulsión de Zubeldia, se empeñó Kondogbia en igualar las fuerzas. El francés ya transitaba con el aviso de que su próxima falta sería amonestación, doble amarilla y a la calle. Pese a todo eso, ganó el Valencia.

2 Real Sociedad

Rulli; Odriozola, Zubeldia, Aritz Elustondo, Kevin; Illarra, Zurutuza, Xabi Prieto (Rubén Pardo, min. 81); Juanmi (Januzaj, min. 46), Oyarzabal y Willian José (Canales, min. 71).

3 Valencia

Domenech; Gaya (Lato, min. 74), Garay, Paulista, Nacho Vidal; Guedes, Kondogbia, Parejo, Soler (Andreas, min. 74); Zaza y Rodrigo (Mina, in. 74).

Árbitro:
Santiago Jaime Latre (Comité Aragonés). Expulsó a Zubeldia en el minuto 67 por doble amonestación y a Kondogbia en el 79 por la misma circunstancia. Tarjetas amarillas a Oyarzabal, Guedes, Rodrigo, Mina, Domenech y Gaya.
Goles:
0-1, min. 26: Guedes. 1-1, min. 32: Aritz Elustondo. 1-2, min. 54: Nacho Vidal. 2-2, min. 59: Oyarzabal. 23, min. 85: Zaza.
Incidencias:
20.000 espectadores en un estadio de Anoeta desconocido por las obras en el fondo sur, con maquinaria de obra sobre la pista de atletismo.

Los dos equipos comparecieron en el partido con un derroche de intensidad. Cada uno a su estilo. El Valencia, con el contragolpe como arma de destrucción masiva. La Real, con el sobo del balón. Empezar una y otra vez. Los locales son el reflejo del Eusebio futbolista, aquel que enamoraba a Cruyff. Antes de los goles, las mejores ocasiones fueron para el equipo de Marcelino. Zaza fue el primero que quedó en disposición de inaugurar el marcador. Soler, enorme en un momento de interinidad como mediapunta, le filtró un balón al italiano entre los centrales para que el de Policoro se quedara a medio camino. La duda le dirigió al error. Tenía dos opciones, chutar a portería o centrar el balón para la llegada de Rodrigo. Optó por la peor de todas, centrar con velocidad de disparo.

El Valencia buscó el fallo local. Para correr como galgos. La presión en ocasiones muy arriba, para atosigar a los de Eusebio. A veces el acoso se situó al borde del área rival. Los vascos, pese al agobio, nunca dejaron de jugarla. Eligieron la izquierda para hacer daño. Por el flanco de Gayà, al que Oyarzábal y Odriozola pusieron en más de un apuro.

Guedes, el hombre del partido, fue protagonista antes de la media hora. El Valencia pescó un balón en el centro, que llegó al luso. Enfiló en línea recta desde su campo a la portería de Rulli, dribló al argentino y dejó en bandeja el gol a Rodrigo. Jugada y definición de manual. La Real Sociedad dio un paso más desde sus principios básicos de juego y no tardó en empatar. Lo hizo Elustondo, en un saque de esquina, en una jugada donde los de Marcelino no fallan. Cuando Paulista activó las alarmas para avisar de que su par se largaba, el central ya volaba para marcar. A partir de ahí el partido se disparató. Cada uno en su estilo. El Valencia a la contra y la Real con el manejo del balón. Es cierto que subió un grado la indisciplina. Partidos de sangre caliente, como la de Jaume, que apareció con suficiencia para dar respuesta a la ofensiva local. Además, las dinámicas influyen. Los de Marcelino, con curva ascendente, y los donostiarras con la duda por las bajas y una posible crisis.

La segunda parte sirvió para que floreciera Soler. En la primera mitad ya le sirvió un balón en bandeja a Zaza. Después, otro regalo entre una nube de rivales para la carrera de Nacho Vidal. El canterano, uno de los nuevos activos del club, acarició el balón por encima de Rulli. De nuevo, el Valencia por delante. El capricho quiso que se mantuviera el guion y la Real volvió a igualar. En un mal despeje de Garay apareció la oportunidad para los locales. Oyarzábal, desde fuera del área, empalmó un balón que entró ajustado al palo.

En la anarquía en la que se había instalado el partido brillaban los perfiles de los indisciplinados con el balón. En la Real empezó a deslumbrar Januzaj, que se atrevió y bien por la banda de Gayà. Zubeldia, central por accidente de la Real, vio la roja por pardillo en el área rival. Su intentó de chilena impactó en la cara del de Pedreguer.

El Valencia en superioridad. Marcelino regó a manta. Los cambios de tres en tres -Lato, Pereira y Mina por Gayà, Rodrigo y Soler-. La Real Sociedad dio varios pasos hacia atrás y el técnico valencianista trató de abrir los espacios para matar el partido. Con lo que no contaba es que Kondogbia también se iría a la ducha antes de hora. Al francés le había tomado la matrícula el árbitro y la segunda amarilla fue justa.

El conformismo nunca formó parte del partido en Anoeta. El empate nunca tuvo consistencia. Y ahí apareció Guedes, el genio de Benavente, el distrito ubicado en la misma fosa nasal de la península ibérica. Una carrera más, la última del partido. El primer tanto, el de Rodrigo, llegó tras su galope. Era la hora de cerrar ese círculo. De la misma manera. Por velocidad. Se plantó en el área y floreció la genialidad. Gol de Zaza -cinco tantos ya para el italiano-, invictos en la Liga y anclados en la Champions. El triunfo del Valencia aparcó hasta los posibles debates, como el de la titularidad de Jaume sin motivos conocidos para que Neto ocupara el banquillo. En Valencia sólo se vuelve a hablar de fútbol.

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