Un triunfo demasiado caro

El once. El Valencia formó con César, Arias, Kempes, Tendillo, Castellanos y Manzanedo (de pie desde la izquierda); Aliaga, Saura, Robert, Serrat y Urruti (agachados).
El once. El Valencia formó con César, Arias, Kempes, Tendillo, Castellanos y Manzanedo (de pie desde la izquierda); Aliaga, Saura, Robert, Serrat y Urruti (agachados). / javier iranzo

PACO LLORET

Aquel partido llegó muy pronto y también se jugó, como el de mañana, un domingo por la noche en el Santiago Bernabéu. Un choque estelar que cerraba la jornada, la tercera, de la temporada 83-84. El Real Madrid y el Valencia medían sus fuerzas con dos viejos conocidos en los banquillos. Alfredo di Stéfano dirigía a los locales mientras que a los valencianistas los entrenaba un asturiano: Paquito. Doce años antes el argentino era el responsable técnico de los de Mestalla que se proclamaron campeones ligueros. Paquito era el capitán de aquella escuadra.

Su debut oficial como entrenador se había producido un par de semanas antes contra el Sporting en El Molinón. El duelo se saldó con empate a uno y gol de Saura. En Mestalla, en la segunda jornada, los valencianistas habían ofrecido una actuación convincente ante un potente Valladolid al que doblegaron por 3-2. La mejor noticia, además del triunfo, fue el juego vibrante con un inicio arrebatador y los dos goles marcados por un renacido Mario Alberto Kempes. El otro fue obra de Robert Fernández. El Matador volvía por sus fueros y recuperaba su mejor versión: la del jugador decisivo que marcaba las diferencias. El valencianismo se las prometía muy felices y trataba de olvidar la pesadilla del ejercicio anterior cuando estuvo al borde del descenso. Precisamente, el triunfo en la angustiosa jornada final ante el Real Madrid en Mestalla, con el inolvidable gol de Tendillo, había evitado la tragedia. Ambos equipos volvían a verse las caras por primera vez desde aquel día.

Los madridistas llegaban a la cita muy tocados tras haber perdido sorprendentemente por 6-2 en La Rosaleda ante el Málaga. La crispación flotaba en el ambiente de Chamartín y el Valencia supo aprovechar aquella atmósfera de irritación para jugar sus bazas y llevarse la victoria. Sin embargo, el precio pagado por aquel triunfo fue carísimo: Kempes se lesionó de gravedad y aquel lance vino a significar un punto de inflexión no solo en la campaña sino de cara al futuro. El único gol del partido lo marcó el argentino en la primera mitad al transformar un claro penalti cometido por el portero local García Remón sobre Robert. Kempes lo ejecutó con una potencia descomunal, un zurdazo de abajo arriba y por el centro de la portería. Un tanto que premiaba el mejor juego visitante ante un Madrid inseguro.

Todos los indicios presagiaban una noche feliz para el Valencia. Sin embargo, a los veinticinco minutos de la reanudación, Kempes se lesionó de forma fortuita al caer en el intento de controlar un balón que no aparentaba excesiva dificultad. Los gestos de dolor del argentino, tendido sobre el césped, hacían pensar lo peor. Retirado por las asistencias del terreno de juego y sustituido por Ribes, el pronóstico posterior vino a confirmar los temores: luxación de hombro, esa lesión maldita que sufrió en el campo del Carl Zeiss Jena tres años antes se repetía. Si entonces cortó su carrera, esta vez iba también a tener consecuencias decisivas tanto para el equipo como para su carrera. A raíz de este lance, el partido entró en una fase de mayor dominio local pero los valencianistas resistieron hasta el final y se llevaron el triunfo rompiendo una racha de quince años sin conseguirlo en el campo del Real Madrid puesto que la anterior se remontaba a la temporada 67-68.

Aquel encuentro también fue especial por una razón: fue el último en el que el Valencia vistió con la camiseta de la senyera después de haberla lucido de forma ininterrumpida desde la campaña 77-78, cuando se estrenó, y de forma ininterrumpida a lo largo de ocho ejercicios, si bien es cierto que pocos meses después la utilizó contra el Castilla en una eliminatoria copera. En la campaña 86-87, también se empleó en el choque liguero contra el filial madridista, pero en Liga, y contra el primer equipo madridista, transcurrieron muchos años hasta que fue recuperada. Después de imponerse en el Bernabéu el conjunto de Paquito aguantó varias jornadas en la parte alta de la clasificación gracias sobre todo a sendos triunfos consecutivos en Mestalla frente al Espanyol por un incontestable 4-0 y ante la Real Sociedad por 2-1. De esta manera, alcanzó el liderato que solo duró una semana, puesto que la derrota el Carranza, fue el inicio de una crisis solo paliada por un meritorio triunfo en el Calderón ante el Atlético por 1-2.

La baja de Kempes empezó a notarse y las prestaciones del Valencia ya no eran las mismas que exhibió en el arranque del campeonato. El argentino reapareció poco antes de que acabara la primera vuelta en un partido entre semana celebrado en San Mamés que finalizó con triunfo de los de Clemente por 2-0. Ni Kempes ni el Valencia pudieron contrarrestar la superioridad del Athletic que se disponía a revalidar ese año el título conquistado en la campaña anterior. Frente al Real Madrid se alineó un once con seis valencianos: Aliaga, Arias, Tendillo, Saura, Robert y César, de los cuales cuatro se habían fogueado en el Mestalla. Aquella fue una jornada agridulce en la que quedó sentenciada la carrera del jugador más universal del Valencia.

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