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Valencia CF | Marcelino García Toral: «Voy a durar dos años, no cuatro semanas»

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Marcelino posa para los fotógrafos en la zona anterior a la sala de prensa de Mestalla / Damián Torres

  • El técnico avisa de que quiere trabajar con un grupo «corto» de jugadores, que también va a participar en fichajes y bajas, y esquiva la palabra 'Europa' en sus objetivos

  • Marcelino asume la exigencia del valencianismo: «Vamos a modificar la plantilla, me gusta el orden y el compromiso»

Con más seguridad en sí mismo que Nuno (y eso que era amigo del dueño), sin los aspavientos verbales de Cesare Prandelli y con la misma convicción en el ideario que Pako Ayestarán. Marcelino García Toral, el entrenador del Valencia durante los dos próximos años, representa el intento de volver a un pasado orgulloso. Un giro en la desesperada búsqueda de identidad que no ha sido capaz de hallar Meriton en sus convulsos años de gestión, un credo que intentó abanderar Ayestarán pero que voló por los aires al cuarto partido. «No va a ocurrir eso. Voy a durar como mínimo dos años, no cuatro semanas. No se va a dar esa circunstancia», reflexionaba taxativamente Marcelino, el séptimo entrenador que pasa por las manos de Lim, contando la destitución forzada de Pizzi.

En una presentación un tanto atípica en la que el director general, Mateo Alemany, llevó la voz cantante institucional pese a haber dos 'presidentes' en la sala, el técnico asturiano fue el primero en desplegar mediante un discurso escrito cuáles van a ser sus principales argumentos. En ese alegato inicial de cinco minutos, Marcelino demostró haberse empapado de cuáles son las exigencias que el aficionado blanquinegro demanda con reiteración. Tras recordar la necesidad de «estabilidad y bien hacer» por parte del club, expuso la obligación de «ser realistas, saber de dónde venimos, la posición que ocupamos y dónde queremos llegar». A partir de ahí se lanzó a nadar en un mar que en los últimos años no ha dejado de estar revuelto. «Me comprometo a respetar siempre la identidad del club y sus sentimientos. Conozco las peticiones del valencianismo. He aprendido que para entrenar a un equipo hay que estar plenamente convencidos, necesitamos transmitir energía, seguridad y emoción. Por eso estamos aquí. El reto nos ilusiona».

Esa ilusión no va exenta de principios para él irrefutables: «Soy un entrenador trabajador, exigente, me gusta el orden, la disciplina, el compromiso y me mueve la pasión»; cuestiones que de siempre gustan a la grada de Mestalla, más aún cuando al dirigirse a quienes serán sus futbolistas recalcó unas necesidades básicas: «Los jugadores deben estar dispuestos a comprometerse con la idea de ser ambiciosos. Sin exigencia, humildad, compromiso, solidaridad y ambición es imposible obtener resultados positivos. Son valores imprescindibles para defender la camiseta del Valencia».

En cuestiones más tangibles, Marcelino optó por no pisar ningún 'jardín'. Evitó al hablar de objetivos la palabra 'Europa' («vamos a competir para estar arriba», tampoco Alemany y Murthy la utilizaron); no quiso entrar en diagnósticos sobre el porcentaje de utilidad o no de su actual plantilla (aunque no dudó en que «vamos a modificarla»); esquivó 'mojarse' sobre si Parejo es o no imprescindible (sus agentes vinieron el lunes y el club les dijo que Marcelino cuenta con él); pero sí quiso dejar claro que su papel en cuanto a toma de decisiones no admite discusión alguna. «Al entrenador se le ficha para tomar decisiones, voy a ser partícipe en todas las decisiones que influyan en el rendimiento de la primera plantilla. Hay que consensuar, cuatro ojos -con los de Alemany y Alesanco suman seis- ven más que dos. El entrenador tiene que participar. Necesita una serie de perfiles para implantar una serie de ideas».

Su dibujo de juego está claro: 4-4-2. «Tenemos una experiencia amplia, todos nuestros equipos tienen un patrón de juego definido. El trabajo colectivo y la organización son bases en las que nos apoyamos. Vamos a buscar el equilibrio. Si encajamos 65 goles -los de esta temporada- no podemos aspirar a los puestos altos de la tabla. Tenemos bastante similitud con lo que históricamente al Valencia le ha ido bien».

El viaje pendiente a Singapur

De momento, Marcelino contradice la lógica de cualquier entrenador que prefiere tener cerrada su plantilla lo antes posible. Pese a avisar que prefiere trabajar con un grupo «corto» (ahora hay en nómina más de 25 jugadores y el club no pagará lo que cuesta quedarse a Munir y a Mangala, aunque sí podría negociar a la baja), el asturiano se adapta a las circunstancias (hasta el 31 de agosto) pese a lo caro que le salió a Ayestarán. «Vamos a estar trabajando sin precipitación. Estoy acostumbrado. En un equipo nos llegaron siete jugadores la última semana».

Excepto Voro, el resto de entrenadores que ha tenido el Valencia con Lim ya como máximo accionista han cumplido con el trámite previo de viajar a Singapur para entrevistarse con el dueño. En el caso de Marcelino es un asunto éste que está pendiente de realizarse. Él lo tiene asumido y lo hará en próximas fechas al parecer. «No tengo el placer de conocerlo -se refiere a Peter Lim-, espero hacerlo pronto. Contamos con su absoluto respaldo. Seguiré los pasos que me marque el club».

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