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Valencia CF | Tres años de Lim bajo la lupa de Mestalla

Juan Domingo, Manolo Soler y Enric Bosch, en la puerta 0 de Mestalla
Juan Domingo, Manolo Soler y Enric Bosch, en la puerta 0 de Mestalla / Irene Marsilla
  • El trío de abonados coincide en el recelo sobre los fichajes relacionados con Mendes y auguran un futuro mejor de la mano de Alemany y Marcelino

  • Los socios debaten sobre la era Meriton con la esperanza de que el equipo llegue hasta donde se prometió

Tres generaciones de valencianistas se saludan a pocos metros de la puerta cero de Mestalla y echan un vistazo a las leyendas que visten las lonas, tan celebradas, tan discutidas. Las de Kempes y Puchades presiden la zona central. Claramunt planea cerca y a la izquierda de los ojos de Juan Domingo, cincuenta años de socio, que se fija en el jugador de Puçol. El «más completo, una maravilla», y que le perdonen los goles de Kempes, de su ya larga historia ocupando butacas de distintas pieles. El más joven, Enric Bosch, tuvo dos ídolos. Uno está presente, Gaizka Mendieta. El otro no pese al indiscutible tirón que el arte de Pablo Aimar generó entre los niños y jóvenes criados entre los títulos fabricados por Rafa Benítez y su férreo grupo de futbolistas. Falta la generación intermedia, la de Manolo Soler (39 años), pero su jugador referente es carne de prohibición. «De pequeño, me marcó Mijatovic», apunta sonriendo. Ante el clarificador silencio, una segunda respuesta: «Estoy siendo sincero, pero pon Baraja, que con él no hay pegas».

Estos tres abonados y accionistas no han tenido contacto previo, pero su voz coincide en muchas cuestiones. Es la de Mestalla. Esa que lleva dos temporadas ronca por las decepciones y abrazó, de forma mayoritaria, el aterrizaje del capital extranjero en el Valencia. Hoy se cumplen tres años desde que el patronato de la Fundación se decidiera por la oferta de Peter Lim y abriera el camino para el magnate de Singapur en un club casi centenario que luce vitrinas de grande. El primer año se pareció en algo a esa promesa pronunciada en infinidad de ocasiones: el Valencia iba a ser un gigante gracias al capital asiático y una nueva forma de proceder, más moderna y adaptada a los nuevos tiempos. Y aunque ni de lejos fue el Manchester City o el PSG, se cumplió el objetivo de llegar a la Champions. Desde el inicio del camino, no obstante, se fueron produciendo una serie de movimientos que estos socios, como tantos otros, detectan como errores de base que trajeron los terremotos: entrenadores que se iban, otros novatos, directores deportivos caídos y dos temporadas horribles con Mestalla en estado de shock.

«Supimos después que era condición indispensable que Nuno entrenara al Valencia. Pizzi no había hecho nada malo, pero le tiraron igual. Fue la primera injusticia», explica Manolo Soler. Y lo dice él, que como el más joven de estos tres abonados se declara «salvista». El poder de convicción de Amadeo Salvo había funcionado. Y, precisamente es el oscurantismo de Meriton y la falta de explicaciones de Lim en los momentos más críticos uno de los grandes debes de la gestión, según los accionistas. «Cuando confirmaron la llegada de Lim, dije: 'nos han salvado'», recuerda Enric Bosch. Para el socio más veterano en la reunión el asunto no estaba tan claro: «Por lo que sabíamos no había más opción a la venta. A lo mejor si hubiéramos hecho concurso de acreedores como el que pasó el Levante... No sabemos qué sucedió exactamente en el proceso de venta ni lo vi claro, porque Salvo quería ser presidente a toda costa».

Después de meses de negociaciones con Bankia y dudas, muchas, por las contingencias que Lim hubo de afrontar para hacerse con la mayoría accionarial, llegó el fútbol. Y ahí Nuno sí logró hacer funcionar al equipo, con una puesta en escena brillante en Liga y triunfos en Mestalla como el del Atlético de Madrid, chutes de autoestima necesarios y una grada unida. La grada recuperó el calor. A ciertos futbolistas se les esperaba, pero en general Nuno supo crear un conjunto duro en defensa y peligroso en el área contraria. Lástima de la duración del efecto, de esos aplausos de Nuno en el césped junto a sus jugadores, de la comunión que no consiguió llegar viva al final de temporada. Las internas luchas de poder habían arrancado, una evidencia que se concretó con las posteriores salidas de Rufete, Ayala y Salvo. Entre eso y el coste de los fichajes llegados en su mayoría de Portugal se encendieron las primeras alarmas en la grada.

Promesas incumplidas

«Tan amigo que es Lim de Mendes, pues parece que el agente se la había pegado pero bien», sentencia Juan Domingo. Las sospechas sobre la relación Meriton-Mendes. Siempre. A pesar de que primero Salvo y luego Layhoon negaban continuamente que la amistad entre el dueño y el representante fuera nociva para la entidad. «Me voy a los fichajes de Rodrigo, André Gomes, Joao Cancelo.. Cuando ficharon a esos jugadores, al final dices: 'estos futbolistas no valen ese dinero'. Y eso que con André ha salido bien. Pensábamos que iban a hacer un equipazo, les das otra oportunidad para la próxima temporada y tampoco», resume Enric. «El problema», intercede Manolo Soler, «es que estamos hablando de muchos millones de euros, de fondos de inversión... Te da que pensar. Estás pagando 30 millones de euros por Rodrigo, que es un buen jugador pero no vale 30 millones».

Fueron los primeros síntomas de la desilusión, que a Juan Domingo le cayó a bloque cuando el Valencia anunció el fichaje de Gary Neville para el banquillo. De lo más extraño que un hombre con cincuenta años de grada a sus espaldas ha visto por Mestalla. Ya queda lejos para él aquel viaje a Madrid, «ocho horas en un tren que paraba en todos los pueblos» para ver ganar al Valencia la final de Copa del 67. Más tarde la Liga del 71 y el descenso a Segunda, cuando aún se anunciaba por megafonía y al descanso la recaudación del partido. Y el gol de M'Bia que dejó a Manolo Soler muerto y sin palabras y las noches de Mestalla en las que Enric entraba por debajo del torno y luego se quedaba dormido entre las piernas de su padre y su tío cuando aún no tenía ni tres años. Destellos de identidad. Y una nueva prueba de fe porque estos tres accionistas sí van a renovar el pase para el próximo curso.

Esperan, eso sí, que el Valencia tenga algún detalle en forma de descuento y lo de cada verano: futbolistas que permitan empezar una nueva Liga con fuerzas para animar. Los golpes de los dos últimos años, eso sí, provocan, por ejemplo, que algunos de los miembros de la peña valencianista Fuertes de Benimamet, de la que Manolo Soler es socio, se estén planteando si renuevan su abono para la 2017-2018. Para recuperar el ruido del gol de Zaza contra el Real Madrid, entre otros muchos momentos de euforia, sólo piden que el equipo dé la talla y se solucione el conflicto con la Curva Nord porque a los tres les incomoda ese silencio vivido en estos últimos partidos de la temporada sin la animación de la grada joven valencianista.

La conversación avanza y va girando, pero ya se extraen dos conclusiones evidentes: en esta era Lim de tres ejercicios se vivió la ilusión de los primeros pasos y la rabia y el enfado a raíz de todos los errores cometidos poco después. Falta por escudriñar qué perspectivas de futuro hay para Meriton y el Valencia después de los últimos movimientos producidos. La apuesta por un hombre de fútbol -Mateo Alemany- y el fichaje de un entrenador contrastado ha abierto un período de optimismo que, esta vez, prefieren ver con ciertas reservas.

«La distancia de seguridad», como la denomina Enric, sobre todo para ver cómo evoluciona el mercado y si las restricciones económicas impiden formar una plantilla para volver, como mínimo, a zona europea. «Alemany es un hombre fútbol y no ha dejado Mallorca para venir a Valencia a ser una marioneta de Meriton», cree Juan Domingo. Esta vez sí, los tres consideran que Alemany gozará de una mayor libertad de movimientos que otros caídos durante la era Meriton. Marcelino también ayuda a entender ese subidón de optimismo: «Es muy metódico y está muy encima de los jugadores. Necesitábamos un entrenador que pusiera firme a la plantilla», dice Manolo.

En la lista de bajas de cara al verano hay, salvo alguna excepción, consenso total. Los nombres de Abdennour, Santos, Negredo, Siqueira, Suárez y Bakkali aparecen en el lado negativo y a la otra orilla, la brega de Zaza o el talento de Parejo. «Se le han perdonado muchas cosas, pero es innegable que tiene mucha calidad. Le necesitamos más centrado», apuntan. Para los que estén por venir, anteponen el compromiso con el club y la defensa de los colores al talento. Al fin y al cabo, lo que durante tanto tiempo llevan haciendo estos tres socios del Valencia.

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