Las Provincias
Valencia CF

El runrún sobre la venta del Valencia CF

Desde que los tiempos de Peter Lim en el Valencia no son buenos, el ruido de una posible venta del club por parte del magnate de Singapur es un hilo musical que sube el volumen cada vez que el balón deja de entrar en la portería rival. La todavía presidenta, Layhoon Chan, -el 1 de julio sacará su billete de vuelta a Singapur- siempre se agarró al 'long time' como marca de la casa para garantizar el largo plazo de Meriton en el Valencia. De momento, Layhoon ya se ha despedido cuando su compromiso era permanecer como máxima representante del club hasta el día de la inauguración de un estadio cuyas obras se han aplazado sine die. El relevo, Anil Murthy, mantiene el mismo discurso y el nuevo director general, Mateo Alemany, perjura que él no está en Valencia como intermediario para colocar la mayoría accionarial en otras manos y que si ese hubiera sido el encargo él nunca hubiera abandonado su amada Palma de Mallorca. El tiempo dirá si todas estas declaraciones se mantienen cargadas de razón.

Los movimientos haberlos, haylos. A la puerta de Bankia, máximo acreedor del club, se ha tocado aunque otra cosa es que los interesados hayan pasado de la sala de estar. El banco mantiene la hoja de ruta y la caída a plomo del plan de negocio por ahora no es una alarma siempre y cuando los gastos se ajusten a los ingresos. La prisas tienen una temporada más de demora, ya que no será hasta junio de 2018 cuando Lim tenga que empezar a amortizar los préstamos con el banco de Goirigolzarri. Las preguntas en Bankia no han pasado de una llamada de teléfono como aquel que se interesa en la compra de un inmueble tras ver colgado en el balcón el cartel de 'se vende'.

Los empresarios valencianos volvieron a la carga con sus aspiraciones de comprar una entidad que fue atropellada por una operación de venta alejado de las mínimas normas del juego limpio. Lo que tenía que ser una negociación entre acreedor y deudor se convirtió en un proceso manoseado que encauzó un callejón sin salida con Peter Lim como única salida. El informe de PwC fue la excusa perfecta para votar a la búlgara la venta al millonario de Singapur. Aquella operación salió por 100 millones de euros -sólo 22 al contando- y una línea de crédito de otros cien -para fichar jugadores ya contratados por Meriton- que Lim convirtió en acciones a través de una ampliación de capital que tiene una primera cita en el juzgado el 8 de noviembre con Miguel Zorío en el otro lado del cuadrilátero.

En pleno derrumbe deportivo, el grupo de los empresarios valencianos ha emergido otra vez en un río revuelto que no ha pasado de alguna comida, pocas reuniones y alguna llamada de teléfono para tantear a cuánto va el metro cuadrado. El grupo, según dicen, transita con un guía como una expedición comercial al Everest. Entre ellos, destaca el nombre de Javier Guerola, un empresario textil de la Vall d'Albaida con negocios en varios países y que en su día ya formó parte de un grupo aspirante a la compra del club. El valencianismo de Guerola es reconocido e histórico. Fue uno de los pilares de la plataforma Valencianismo de Base, que no tuvo más recorrido. Guerola, por ahora, prefiere guardar silencio mientras el grupo de empresarios valencianos sigue sin definir sus intenciones. Antes que nada hay que cazar al oso y para eso habría que poner mucho dinero encima de la mesa más allá del mantel.

El runrún sigue su compás. Es cierto que ninguna operación s podrá ejecutar sin el visto bueno de Bankia. Cualquier pérdida de la mayoría accionarial del Valencia por parte de Lim -Meriton ostenta en 82,3% de las participaciones tras la última ampliación- debe contar con la autorización del banco, que tiene la sartén por el mango. En estos casos hay un nombre que siempre que hay que tener presente porque florece cada vez que se habla de (otro) proceso de venta. Juan Villalonga no se olvida del Valencia. El empresario es como un guadiana al que siempre hay que tener en cuenta. En esta ocasión, también. A Villalonga no se le escapa ningún movimiento que afecte a la entidad de Mestalla.

Layhoon Chan ya dijo en su última rueda de prensa que Meriton había puesto 230 millones de euros en la entidad. El dato no es baladí. Fue un aviso a navegantes para aquellos que quieran mirar la etiqueta de venta. ¿Por qué alguien puede estar interesado en comprar el Valencia cuando hace tres años el precio era más barato? En economía, a veces dos y dos no suman cuatro. Lim tiene dinero -el aceite de palma le reportó importantes ingresos- pero por ahora no piensa poner más. Los hoteles y la construcción son ahora su actual desvelo.

Mientras a nivel social el club cobra vida, la decisión más importante en el plano deportivo sigue pendiente. La apuesta de Alesanco es Quique Setién y para ello se reunió con el representante del cántabro sin la presencia de Mateu Alemany, el director general que llegó para ordenar el desgobierno. Alemany ya dijo en este periódico que su función es tener opinión en todo, incluso en el nombre del entrenador, y el consenso debe ser el paso previo a la decisión última de Peter Lim.

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