Las Provincias
Valencia CF

El último cartucho del magnate de Singapur

  • La imagen de Meriton está muy tocada y el dueño trata de recomponer el proyecto ante una afición cada día más incrédula

  • El organigrama del Valencia ha explotado en cuatro meses por la crisis deportiva de esta temporada

valencia. En la sala de embarque del aeropuerto de Granada, Layhoon Chan y Anil Murthy daban cuenta de un bocadillo envuelto en papel de plata junto a una fanta de naranja y un tercio de cerveza. La comida, la misma que Arrieta, el cocinero del equipo, prepara para los jugadores. Transición de sobaquillo. Había calma. Las victorias relajan. Minutos después se sumó a la mesa el consejero delegado, Mateo Alemany, y al instante lo hizo Voro. Era la imagen del cambio en el viaje de vuelta. La misma instantánea que se vivió en la ida durante la merienda en la terminal de Manises. Alemany había esperado a la presidenta en el puesto de recogida de billetes para departir juntos hasta el momento en el que hubiera que subir por la escalerilla del avión. La asiática estaba de vuelta y el balear, en pleno viaje de ida.

El de Granada posiblemente ha sido el último viaje de la presidenta. Vuelos en los que nunca llegó a sentirse cómoda, alojada en la primera fila del avión, sola, disfrutando y sufriendo con el fútbol. Más lo segundo que lo primero. Un club no es una empresa al uso. Y esa barrera nunca la superó Layhoon Chan. Distancia, frialdad, timidez. El idioma siempre fue un muro de acero al que no quiso ponerle una puerta.

En el avión se empezaron a percibir nuevos detalles, más propios de un club de fútbol. Las pequeñas cosas esas que dice Mateo Alemany, que al final son las más importantes de todas. El director general tuvo conversación directa con el técnico, Voro, y con el segundo entrenador, Chema Sanz, en pleno vuelo. Detalles. Murthy, en principio, puede ser el complemento perfecto. El fútbol, sin ser un apasionado, no le es extraño.

Peter Lim, el dueño, le ha dado un golpe de timón al proyecto. Layhoon Chan es su mano derecha. Su persona de confianza en el conglomerado de empresas ajeno al fútbol. La presidenta nunca ha encajado en un mundo desconocido, donde hay que presentarse con nociones del fuera de juego. De lo contrario, eres víctima. La operación del dueño persigue centrifugar su imagen en una ciudad que ha pasado de darle la bienvenida con un mosaico a pedir su cabeza de manera coral. El prestigio de Meriton va en barrera y el máximo accionista trata de recomper su proyecto empezando por su propia imagen. Es su última oportunidad ante Mestalla. Sus portavoces aseguran que no quiere vender el club, una declaración lógica porque reconocerlo abarataría el producto y alertaría de las urgencias. Los cambios han llegado al Valencia mucho antes de lo esperado. El desastre deportivo se ha llevado por delante un organigrama ejecutivo en el que sólo sobrevive el silencioso Kim Koh, una especie de ama de llaves de Meriton. El ojo que todo lo ve. El máximo accionista trata como puede de sofocar un incendio que sólo apagará el balón. Desde la víspera de fin de año, Lim ha visto como ha dimitido un entrenador -Prandelli-, un director deportivo -Jesús García Pitarch- y una presidenta -Layhoon Chan-. Meriton ya no tiene más vidas en esta partida.

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