Las Provincias
Valencia CF

Una decadencia deportiva letal

Ayestarán, Layhoon y García Pitarch, en la rueda de prensa para presentar al entrenador vasco como sustituto de Neville. :: irene marsilla
Ayestarán, Layhoon y García Pitarch, en la rueda de prensa para presentar al entrenador vasco como sustituto de Neville. :: irene marsilla
  • La aún presidenta no ha logrado reflotar a un equipo que Voro ha alejado del descenso

  • La venta de futbolistas cuando Meriton negó que fuera el plan y los constantes bandazos en el banquillo diluyeron el aura inicial de su discurso

valencia. Cuando Layhoon Chan aterrizó por primera vez en Valencia, el 30 de abril de 2014, no podía ni imaginar todo lo que iba a ocurrir en los siguientes tres años menos veinte días dentro del club que todavía hoy preside de forma oficial. Como una condena. La suya es la historia de la trilogía de la decadencia, puesto que de su discurso inicial, que concentró una notable expectación, no se ha cumplido nada en tres apartados tan fundamentales en lo deportivo como son los resultados, la toma de decisiones en la compra y venta de jugadores y el rendimiento del banquillo. La validez de la palabra de la primera mujer presidenta de la historia del club de Mestalla se ha ido diluyendo como azucarillo en un café eterno, mientras se han ido dando bandazos hasta completar dos temporadas consecutivas en tierra de nadie. Lo que más duele al aficionado.

Amadeo Salvo era el presidente del Valencia cuando Meriton comenzó a tomar decisiones en el césped, antes incluso de rubricar de forma oficial la venta. Con Layhoon ya instalada en Valencia se tomó la primera anormal, el despido de Pizzi para dar entrada a Nuno en el banquillo. El «te ha tocado» de Salvo al argentino se convirtió años después, cuando el empresario ha decidido romper su silencio, en una imposición de Lim para comprar el club. Pizzi viajó engañado al viaje de Hong Kong, a finales de mayo de 2014, reconociendo a este periódico en tierras asiáticas que estaba muy ilusionado con el proyecto de Meriton. Fue su epitafio en el banquillo.

El 1 de diciembre de 2014, Layhoon asumió de forma oficial el mando del Valencia, dejando a Amadeo Salvo como presidente ejecutivo. El empresario formó junto a Manuel Peris el binomio valenciano dentro de un consejo del que nunca más se supo. Más de veintiocho meses después de esa fecha resulta una quimera encontrar a algún aficionado valencianista que sepa recitar el nombre de los actuales consejeros más allá de los locales, Auxiliadora Borja y Juan Cruz Sol.

La temporada 2014-2015 se cerró con la clasificación sobre la bocina para la previa de la Champions. El mundo del deporte es muy caprichoso, puesto que la postal de la locura en Almería tras el gol de Alcácer ha envejecido muy mal con el tiempo. El héroe de aquel partido es ahora un villano y la música de la Champions fue tan efímera como dolorosa. Para lo único que sirvió esa cuarta plaza es para que Nuno le ganara su particular pulso a Salvo y Rufete. El intento de fichaje de Rodrigo Caio fue la gota que colmó un vaso rebosado de Mendes. La balanza cayó del lado del amigo del dueño. Ya se sabe que la banca siempre gana... aunque la ruleta del deporte volvió a demostrar que sobre el césped no se cumplen las leyes empresariales. El portugués, que asumió la vacante de la dirección deportiva, pasó a la historia el 29 de noviembre de 2015. El día en el que comenzó, ella no podía saberlo, el descrédito deportivo de Layhoon.

«Buscábamos un entrenador que ofreciera liderazgo. Es un líder, un gran motivador y una persona muy respetada en el mundo del fútbol. No es cuestión de nacionalidad ni amistad con Peter, sino de su calidad como entrenador. Se ganará pronto el respeto», así anunció la presidenta del Valencia la contratación de Gary Neville como entrenador. Duele hasta leerlo.

La llegada de García Pitarch, en enero de 2016, no llenó el vacío de poder. Su imagen como copiloto del coche de Jorge Mendes el último día del cierre de mercado del verano posterior retrató la cruda realidad. El segundo capítulo de la trilogía del desastre deportivo de Layhoon Chan llegó en la toma de decisiones. Cada que vez que se ha sentado delante de un micrófono ha defendido que el proyecto de Meriton no se sustentaba en la venta de futbolistas, mientras la realidad ha ido desnudando ese discurso. Sumando sólo las ventas de las estrellas se llega a la cifra de 170 millones (Mathieu, Mustafi, Otamendi, Alcácer y André Gomes), que pueden subir a 37 más si se cumplen todas las variables de los dos últimos. Esa falta de autoridad evidente también ha ido lastrando su imagen dentro del vestuario, puesto que su discurso no ha parado de perder fuerza y legitimidad con cada venta.

Si algo ha quedado demostrado en la forma de proceder de Meriton en el Valencia es que los cambios siempre han ido precedidos de entradas sigilosas. Paracaidistas. Lo fue Layhoon con Amadeo Salvo, Ayestarán con Neville, Alesanco como director deportivo previo paso por la escuela... y Anil Murthy con la propia Layhoon. El último gran bandazo deportivo se ha llevado por delante una temporada infame en la que la afición de Mestalla ha vivido en el primer tramo con el corazón en un puño temiendo el descenso y en el segundo con la frustración de ver como un equipo casi centenario transita en la tierra de nadie. La continuidad de Ayestarán en el cargo, al que la propia Layhoon vio determinación en sus ojos, y la llegada efímera de Prandelli, que acabó con una ruptura sonora donde las dos partes se tiraron los trastos a la cabeza, han sido los dos últimos capítulos del fracaso deportivo de su mandato. Tan sólo Voro ha sido capaz de aliviar ese dolor de cabeza. Al final de su triste trilogía, el de l'Alcúdia ha sido el actor que nunca le ha fallado.

La vertiente futbolera del apartado social ha sido la puntilla para Layhoon Chan. Al hundimiento deportivo incuestionable (seis entrenadores y cuatro directores deportivos) y a la falta de liderazgo puesto que las decisiones siempre se han tomado en Singapur se unió el descrédito para el aficionado en todo lo relacionado con el césped. La figura de Layhoon ha pasado de ser glosada por una mayoría ruidosa a vilipendiada, y en muchos casos menospreciada, por otro tanto. Curiosamente hay gente que repite en ambos estados. Cosas que pasan en Valencia. La torpeza del despido de Mario Alberto Kempes como embajador, una traición para la grada, es el gran símbolo de esa parte de la trilogía de la desazón. La presidenta deja el cargo sin haber podido conectar con una grada a la que no dudó en atizar en diciembre: «Somos gente seria. En Valencia parece que hay que repetir las cosas cien veces». Esa trilogía de la decadencia deportiva le ha bajado del barco. Con el mismo poco ruido con el que llegó aquel 30 de abril de 2014.

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