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Layhoon Chan, atropellada por el fútbol y la grada

La presidenta del Valencia, Layhoon Chan, en una rueda de prensa. :: juan j. monzó
La presidenta del Valencia, Layhoon Chan, en una rueda de prensa. :: juan j. monzó
  • El fichaje de Alcácer dinamitó su credibilidad, nunca se adaptó a la ciudad y rellenar los silencios de Lim fueron su condena pública

  • Layhoon Chan Presidenta del Valencia

«Estaré en el cargo hasta que se inaugure el nuevo estadio. Es el compromiso que tengo con Peter. En estos años hay que construir el nuevo campo y levantar si es posible algún título. A partir de ahí, como inversores, nuestra labor será ya disfrutar. En un plazo de cuatro o cinco años. Tengo también familia». La declaración fue de Layhoon Chan en la entrevista que concedió a LAS PROVINCIAS el 17 de diciembre de 2015. La presidenta se irá antes de lo previsto, sin el nuevo Mestalla inaugurado y sin ningún título que levantar. El fútbol ha atropellado a Layhoon Chan.

Meriton aterrizó con una idea equivocada de las cosas. Valencia no es Singapur. Lim pensó que sólo el partido de fútbol tenía una trascendencia pública y que el resto de la semana, lo deportivo y lo ejecutivo, tendría un carácter privado sin filtros. Antes de comprar quizá hubiera sido un buen ejercicio pulsar el pálpito de una ciudad ruidosa y callejera.

En la acera del paseo de la Alameda, cerca de la sede de la consultora PwC, se descubrió por primera vez la figura de Layhoon Chan tras comparecer ante la comisión de venta . Tímida, distante y sorprendida. La primera impresión fue buena. La pelota entraba camino de la Champions y el perfil de ejecutiva segura y férrea halló el respaldo de una afición encantada con el proyecto.

En aquella época, el presidente ejecutivo, Amadeo Salvo, era el paraguas perfecto para poner a cubierto todas las decisiones de Meriton. Una vez Lim decidió navegar solo, su mano derecha quedó a la intemperie. Los silencios del dueño, que no ha aparecido por Valencia para dar cuenta de sus decisiones, han esclavizado a la presidenta. Las incómodas preguntas sobre las amistades peligrosas con el agente Jorge Mendes, la contratación de Gary Neville, el proyecto fallido del pasado verano y la crisis de esta temporada, donde la amenaza del descenso ha sido una realidad.

La imagen de figura creíble saltó por los aires a finales de agosto, con la venta de Paco Alcácer después de que asegurara ante las peñas en la tradicional comida veraniega que el club no quería vender al delantero al Barcelona. Desde aquel día, la grada dejó de creer en Layhoon Chan. Además, la presidenta nunca empatizó con Valencia. Sus viajes, de miles de kilómetros, se redujeron al trabajo de esta y sus otras empresas -tiene cargo en 18 mercantiles y algunas no atraviesan su mejor momento-. Comía poco, siempre en el despacho de la sede, y salía menos. Contados actos institucionales y siempre a muchos metros del sentir de la ciudad. Layhoon nunca ha sido de callejear, de tratar de conocer Valencia, de adaptarse a unas costumbres, aunque fuera en pequeñas dosis al certificar que era imposible transformar en asiática una cultura mediterránea. El idioma siempre fue un obstáculo. El tiempo convirtió en humo aquella confesión de que de pequeña comía naranjas valencianas. Raro. La familia vivía lejos y nunca tuvo residencia fija en la ciudad.

El puente aéreo era su rutina. Un par de semanas aquí y otras dos a 15.000 kilómetros. La ejecutiva eficaz, seria y serena dio paso a cierta soberbia. En la junta de accionistas reconoció que el nuevo Mestalla ya no era una prioridad. Golpe directo al compromiso de Meriton. A partir de ahí, la decadencia. «Yo soy Peter Lim», un titular que agotó la paciencia. Aquella rueda de prensa, a la vuelta de Singapur tras trazar la línea del enésimo proyecto con Prandelli al mano, fue el principio del fin. La afición ya no estaba con Layhoon. El partido de ida de Copa ante el Celta en Mestalla convirtió en ira la decepción. La grada se giró al palco con una presidenta a la carrera. Desde aquel día la estancia de Layhoon en Valencia se convirtió en insoportable. Buscó la salida. Urgente.

Hace casi un año, durante la visita de una expedición del club a Singapur, la presidenta ofreció su otra versión. Más amable, más directa, más cercana. En el adiós, en el aeropuerto de Singapur, se sinceró: «Es la primera vez que hemos sentido que todos éramos una familia». Ese era el camino.

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