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Valencia - Celta (3-2): Carlos Soler coge la bandera del Valencia CF

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Soler en el momento de lanzar la vaselina del triunfo. :: j. signes

  • El canterano marca un golazo para reivindicar el futuro de Paterna

La vida que está por venir pasa por Carlos Soler. Un orfebre del fútbol. Ayer recogió una asistencia de Enzo Pérez -jugadón del argentino- para tirar una vaselina y certificar la victoria del Valencia cuando el partido agonizaba hacia el reparto de puntos. Minutos antes el chaval, que fue el patrón del equipo en la segunda mitad, cometió un (presunto) penalti que Fernández Borbalán castigó en exceso. Una igualada agria, que no hacía méritos al partido, que creció más en el lado del Valencia. Los gallegos se dedicaron a la pura especulación y casi se llevan parte del botín a Vigo.

El futuro del Valencia pasa por Soler. El chico fue el último de la fila, el relleno durante media liga sin que nadie se atreviera a darle la alternativa. El amago de Prandelli en Anoeta, que contará como el debut oficial, no vale. Aquello no fue creer sino un aviso al resto de la plantilla. La última rabieta del italiano. La confianza la otorgó Voro. Sin concesiones. Soler está llamado a marcar una época en el club... siempre que no haya que cuadrar balances. No habrá perdón para los malvados si hay un globo sonda de venta. Soler no se toca. Y de esa época habrá que responsabilizar a Voro, esté donde esté.

La apuesta es Paterna. Se ha buscado fuera lo que hay en casa. Con fichajes de dudoso rendimiento. Ayer, Lato, se presentó a porta gayola un día más. Hambriento. Y eso es lo que funciona. Prandelli, el engañador del 'fuori', pedía un lateral izquierdo en invierno. Nunca buscó en casa. El tiempo descubre caretas. Al dúo hay que sumar a Gayà, veterano en estos lares y a todos los que empujan por detrás. El camino será recto sin se abandonan los intereses y los experimentos. Mestalla anoche durmió en paz. El limbo de la clasificación no fue un trago amargo si de vez en cuando uno se echa un chupito de calidad. El gol de Soler es carne de youtube.

El partido fue bipolar. Tuvo fases empalagosas y vísperas de éxtasis. Sucedió lo contrario de lo que parecía que iba a ocurrir. Encuentro extraño. El Valencia trabajó para remontar y para ganar. Las individualidades decidieron. No hubo un bloque pero sí chispazos personales. El Valencia abortó los nervios antes del descanso con el gol de Parejo. En la mejor jugada del partido. Zaza bajó el balón, sirvió de tacón a un Cancelo en proceso de reivindicación y el toque sutil del madrileño sirvió para que el balón pasara entre las piernas de Sergio. Empate en el marcador. Un gol reparador. Balsámico contra la desaprobación que la grada ya masticaba cuando los jugadores enfilaran el vestuario. Hasta ese momento el partido fue raro. Incluso incómodo de ver. Un peñazo para ser jueves por la noche y día laborable. Mestalla, ante el objetivo de la nada, presentó un día más demasiados huecos. La pintura naranja es tan vistosa que no deja espacio al disimulo.

El Valencia comenzó el partido con ímpetu. Voro optó por la experiencia de Siqueira para suplir a Gayà. El atrevimiento de Lato fue carne de banquillo. Los interiores los mismos pero con papel intercambiado. La izquierda para Munir mientras Orellana se fue al carril diestro. A un palmo de la nariz de Berizzo en la primera parte. Enemigos declarados. En los primeros minutos hasta cinco saques de esquina lanzó el Valencia con ausencia de rematador. Fogueo.

El Celta, paso a paso, estiró líneas. Sacó la cabeza del chaparrón local y fió sus posibilidades a Iago Aspas. Un gran jugador que Manuel Llorente tenía firmado y que los nuevos tiempos hicieron añicos el acuerdo. Los gallegos, que todavía suspiran por una plaza europea, se adelantaron a la primera oportunidad. Una falta al área en esos espacios donde se masca la tragedia. Daniel Wass es milimétrico. Entre la defensa y Alves más de medio mundo. El brasileño midió mal la salida. El portero se siente más seguro a ras de tierra que en el aire. Cabral, cabeceador puro, entró para poner al Celta por delante ante la parsimonia defensiva. La cara de la moneda que al Valencia le salió en partidos como ante el Athletic Club y Deportivo, ayer fue cruz.

El Valencia tenía el balón pero lejos del área. Cuando la curva descendente de la primera parte apuntaba a una victoria visitante parcial, llegó una de las jugadas del partido. Zaza recibió en el mismo punto que el día de su golazo ante el Real Madrid. En lugar de empalmar sirvió a Cancelo, que asistió a Parejo. Empate.

A la vuelta del vestuario el partido inició una frase rara. Tediosa. Pero el Valencia se vino arriba. Desde el atrevimiento de Soler y la consistencia de Enzo Pérez, más acertado que en el primer acto. Atrás bien Garay y Mangala, y Parejo en el estado de puro fútbol. El 'joker' fue Lato, que salió por Siqueira. Tan atrevido que envolvió el primer balón que tocó en papel de regalo para el gol de Munir. Ventaja. Tuvo otra el exbarcelonista pero marró. El 3-1 estaba tan cerca que empató el Celta. Guión de un partido alocado. Penalti de Soler a un Aspas que exageró a plomo su caída. Alves no fue el salvador. Al final, con el empate a punto de tocar la campana, apareció el arresto de Enzo Pérez que, de campo a campo, dejó un balón a los pies de Soler para que el niño hiciera arte. Vaselina y victoria.

El Valencia, desvestido de la asfixia del descenso, se ha liberado y suma puntos para dar lustre a las estadísticas de Voro al frente del equipo. Los Cármenes es campo propicio para hacer un pleno de nueve puntos. El técnico, salvador de la temporada, ya no esconde su hartazgo por la costumbre de que se pregunte por su futuro. Para toda cuestión hay una respuesta. Aunque sea la misma. Voro mejora el expediente para que, a la hora de decidir, sus números se pongan encima de la mesa.