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Mestalla vibra el día de San José

Reproducción de la página de LAS PROVINCIAS sobre el partido. :: lp
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  • Se jugó el 19 de marzo de 1980 y el Valencia logró la victoria

Aquel Valencia-Barcelona se convirtió en un monumento al fútbol. Siete goles, alternativas en el marcador, jugadas portentosas y emoción a raudales. Se jugó el 19 de marzo de 1980 y el Valencia logró la victoria por 4-3, resultado que le clasificó para las semifinales de la Recopa. El Barça, campeón de la edición anterior de este torneo que reunía a los campeones de Copa de los países europeos, volvía a salir trasquilado de Mestalla, tal y como ya le había sucedido un año antes en la Copa del Rey con la célebre remontada por 4-0.

La rivalidad entre ambas entidades vivió su máximo apogeo en aquella época con una sucesión de duelos en tres frentes competitivos de los que casi siempre salía vencedor el Valencia. Aunque el fútbol impuso su ley, otros elementos extra-deportivos enrarecieron el ambiente. Pese a ello, no hubo incidentes. El valencianismo festejó el triunfo el día de la Cremà con euforia pero sin perder los papeles.

Las Fallas de 1980 coronaron a la histórica comisión de Na Jordana en la sección especial. Otra protagonista principal fue Carmen Dolz Adell, la primera fallera mayor de Valencia elegida de forma democrática. Su proclamación tuvo lugar en el Teatro Principal y actuó como mantenedor Jesús Aguirre, Duque de Alba, tras su matrimonio dos años antes con la duquesa Cayetana Fitz James. En aquella época Carmen Dolz era una conocida locutora radiofónica que daría el paso a la televisión como presentadora de programas en el centro territorial de RTVE.

El enorme interés que provocó el partido en toda España obligó a intervenir al ministro de Cultura para que el único canal televisivo existente programara una tarde de fútbol el día de San José, festivo en toda España, alternando las conexiones del partido de Mestalla con el que disputaba el Real Madrid ante el Celtic de Glasgow en el Santiago Bernabéu en la Copa de Europa y que empezaba media hora antes.

La recaudación en el Luis Casanova ascendió a 45 millones de pesetas, récord hasta entonces en la historia del feudo valencianista. La asistencia fue superior a los 50.000 espectadores. La hinchada barcelonista también estuvo presente confiando en un milagro puesto que en el partido de ida, jugado en el Camp Nou dos semanas antes, el Valencia se había impuesto por 0-1 gracias a un gol de Pablo, el extremo izquierda asturiano que había deslumbrado con su prodigiosa actuación en Ibrox Park en la ronda de octavos. Alfredo di Stéfano, tenía un once titular que jugó aquella tarde y que, dos meses después, conquistaría el título ante el Arsenal en Bruselas con un solo cambio, el de portero, puesto que ante el Barça se alineó Manzanedo y en Heyssel lo hizo Pereira. La defensa la integraban: Carrete, Botubot, Arias y Tendillo por orden numérico, del dos al cinco. En la medular: Bonhof, Solsona y Subirats, dorsales pares del seis al diez. Y delante Saura y Pablo en las bandas con el siete y el once. La gran estrella, Mario Alberto Kempes, lucía el nueve.

El encuentro se había programado a las seis de la tarde y estuvo dirigido por el italiano Michelotti, melómano y devoto de Verdi, considerado el mejor colegiado de su país en aquella época. Su actuación fue correcta y el penalti señalado a favor del Valencia fue muy claro. Kempes lo transformó en el 4-2 a falta de cinco minutos para la conclusión. Los catalanes aún recortaron la diferencia con un tanto en el último minuto, obra de Canito, pero a esas alturas, la suerte de la eliminatoria estaba decidida a favor del Valencia. El partido empezó como una mascletà. Tres goles en poco más de un cuarto de hora. Saura, el mejor jugador del partido, inauguró el marcador al aprovechar una indecisión de la zaga culé. Ese tanto proporcionaba más confianza todavía en lograr la clasificación. Con todo perdido, el Barça le dio la vuelta a la eliminatoria en apenas dos minutos con sendos goles de Canito y de Landáburu que dejaron helado al público presente.

En el banquillo visitante se sentaba el célebre Helenio Herrera, técnico que había llegado en lugar de Rifé, destituido por unas grabaciones radiofónicas tras perder con los valencianistas en la ida. Conocido como el 'Mago' por su capacidad para salir airoso de las situaciones más complicadas, experto dominador de la oratoria y de la provocación, había advertido en la víspera que estaba convencido del éxito y que no le imponía el ambiente fallero ni el potencial de los de Mestalla. El panorama gozoso para los locales había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. El Valencia asimiló el golpe bajo con entereza, se repuso, y Rainer Bonhof estableció el empate a dos con un disparo seco a la media hora.

La emoción se había apoderado de Mestalla, se presagiaba una segunda parte no apta para cardíacos. El Valencia jugó con mayor aplomo en la reanudación y supo aprovechar la ansiedad del Barcelona. De nuevo emergió la figura de Enrique Saura que protagonizó una jugada inverosímil culminada con un remate magistral que se coló en la meta visitante. El golazo del jugador nacido en Onda desató el entusiasmo y alivió los nervios, fue la sentencia definitiva. Mario Kempes puso después la guinda al pastel.