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Prohibidas las tracas en Mestalla

EL TÚNEL DEL TIEMPO

Prohibidas las tracas en Mestalla

  • En los prolegómenos del duelo copero se vivió un grave incidente cuando se disparó una traca dispuesta sobre el césped

Sucedió en Mestalla a punto de plantarse las Fallas y con motivo de un partido ante el Sporting de Gijón. El miércoles 12 de marzo de 1975 el Valencia se enfrentaba al conjunto asturiano en el encuentro de ida dieciseisavos de la Copa. Tres días antes, ambos equipos se habían enfrentado en el mismo escenario en la Liga. Un hecho, insólito hasta entonces para el valencianismo. Ambos compromisos acabaron con triunfo local. En los prolegómenos del duelo copero se vivió un grave incidente cuando se disparó una traca dispuesta sobre el césped. Algunos petardos explotaron en la grada y afectaron a varios espectadores, dos de ellos sufrieron heridas en el rostro, y uno, la pérdida de visión en un ojo. A partir de aquel día se prohibió la quema de tracas sobre el terreno de juego, una costumbre muy arraigada en aquellos años.

La tradición pirotécnica en el feudo valencianista se acentuó especialmente a partir de la campaña 70-71. A medida que el conjunto de Di Stéfano se acercaba a la conquista del título aumentaba la intensidad de la exhibición de pólvora en Mestalla. Algunos aficionados extendían en las cuatro esquinas del césped varias tracas que prendían simultáneamente cuando el once local aparecía en el campo. El estruendo era enorme, se creaba una atmósfera intimidatoria hacia el rival y se empujaba con entusiasmo al Valencia en pos del triunfo. Acabada la 'mascletà' de bienvenida y durante segundos se creaba una nube de humo que impedía la visión de los protagonistas. El olor penetrante de los petardos envolvía los instantes previos al encuentro. El club se sumó gustoso a la iniciativa y decidió instalar por su cuenta una pequeña 'mascletà' en la parte posterior del graderío de numerada, donde existía una superficie de hierba donde solía entrenar el equipo.

Allí se alineaban los tubos de las carcasas bajo la supervisión de un profesional en la materia. La segunda vuelta de la Liga 70-71 fue para Mestalla, tanto sobre el terreno de juego como en la grada, una locura de emociones incontroladas que se aderezaban cada jornada con un terremoto pirotécnico. La escenografía wagneriana-fallera dio resultado. El Valencia ganó todos los partidos menos uno que acabó en empate. No había otro recinto en primera división que ejerciera semejante presión ambiental. Fue una de las claves del éxito. Algunos jugadores de los equipos contrarios iniciaban los partidos descompuestos por el recibimiento. En la grada resultaba imposible encender las tracas. Los testimonios gráficos de esa época resultan elocuentes, una grada abarrotada, no cabía un alfiler ni en los vomitorios. En la general de pie había que estar, como mínimo, una hora antes si se aspiraba a presenciar el encuentro sin demasiados apretujones.

En las siguientes temporadas se mantuvo la tradición pirotécnica, pero en función de la marcha del equipo, del grado de rivalidad con el equipo visitante y de la trascendencia del choque su presencia adquiría mayor o menor relevancia. Las tracas solían reservarse para las grandes citas. No hubo ningún incidente destacado hasta aquel triste día, cuando la lluvia caída antes del encuentro humedeció el césped y contribuyó a la defectuosa explosión. Los aficionados heridos fueron trasladados al Hospital Clínico, y el Valencia, alarmado por lo acontecido, comunicó en una nota de prensa que desautorizaba la quema de tracas dentro del campo. No hubo debate. La gravedad de los hechos lo impedía.

Tres días antes, el domingo 9 de marzo, Valencia había despachado al Sporting por 2-0 tras un encuentro carente de emoción. Un gol madrugador de Salif Keita encarriló el triunfo, aunque a la media hora de encuentro, el genial jugador de Malí se retiró lesionado. Su lugar fue ocupado por Planelles, autor del tanto de la tranquilidad en la recta final. Los asturianos estaban entrenados por Pasieguito, quién al año siguiente se comprometería con los de Mestalla para hacerse cargo de la secretaría técnica. En ese ejercicio se vivió una coincidencia desconocida hasta entonces por el Valencia que hubo de medirse ante el mismo rival en las dos competiciones nacionales con un margen de tres días. Hasta mediados de los setenta, los conjuntos de primera división disputaban la Copa a la conclusión del campeonato liguero por lo que el calendario impedía esta clase de cruces.

El encuentro copero tuvo su historia, además de por el accidente pirotécnico, y un desenlace inesperado. El Valencia marcó muy pronto -tal y cómo había pasado tres días antes- gracias al gol de 'Gitano' González. En la segunda mitad el mismo delantero, nacido en Benaguasil, hizo el segundo. En la portería sportinguista se alineaba, a esas alturas de la noche, Abelardo, un exvalencianista muy querido por la afición, debido que el titular Castro se había lesionado al iniciarse el segundo tiempo. Quino hizo el tercero y el público celebraba el holgado triunfo cuando en los últimos diez minutos el Sporting consiguió dos goles: el primero obra del valenciano Garzón, el segundo de Quini y dejó el resultado final en un ajustado 3-2. En el partido de vuelta el Valencia cayó eliminado al perder por 3-0. Esa noche se acabó la Copa para ese ejercicio y las tracas para siempre.

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