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Valencia CF

La falta de oficio mata al Valencia CF

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/ EFE

  • Alves sostiene a su equipo, que se pone por delante, se derrumba físicamente y se deja remontar al final del partido

El Valencia hizo ayer lo más difícil en Mendizorroza para ser presa después de sus propias limitaciones. En fútbol, el oficio es como el comer. Su falta, su carencia en determinados jugadores sirvió en bandeja la remontada a un Alavés que ni por asomo creía que en los últimos trece minutos se llevaría un partido que tenía perdido. El gol de Carlos Soler, el único que creyó que había un tesoro en la segunda jugada, parecía que iba a cerrar la semana fantástica del Valencia. El premio incluso se podría considerar inmerecido pero la justicia casi nunca marida con el fútbol. Ibai Gómez y Katai lanzaron dos ganchos para mandar al Valencia a la lona cuando los de Voro ya se sentían ganadores a los puntos. Otro baño de realidad para abortar objetivos irreales.

Voro aseguró en rueda de prensa que su equipo tuvo el partido controlado. Pellegrino hizo la misma lectura a favor de los suyos. El Valencia llegó al tramo final en reserva. Agotado. Molido en lo físico. Pero visto cómo se había puesto el encuentro no debía de salir de Vitoria sin los tres puntos. Diego Alves, el de los mejores tiempos, sostuvo a sus compañeros. El gol de Soler tiene la raíz en la parada del brasileño a Sobrino. La falta de concentración de algunos jugadores, aunque Voro suavice la realidad, tiró por la borda el trabajo elaborado. En el fútbol no hay mayor verdad que el oficio.

El Valencia se presentó en Mendizorroza tocado tras la batalla ante el Real Madrid. Algo ya sabido. Voro mantuvo el sistema con otros peones. El equipo no se desplomó pero tampoco compuso. Fue un partido en el primer acto de esos de calma chicha. De los que parece que nunca pasa nada. En ocasiones pudo ser catalogado de tostón. Casi de nana con el abrigo de un caldo caliente entre las manos. La noche del viernes, en el bar del Deportivo Alavés, en la plaza de la Virgen Blanca, mientras marchaban las tortillas manchadas, la gente de casa valoraba la final de Copa pero no terminaba de disfrutar con los de Pellegrino en los partidos de casa.

La primera parte del Alavés dio sentido a la reflexión. Un equipo bien armado. Arropadito atrás pero sin el empuje suficiente para crear una buena oportunidad. Merodear sí. Ejecutar, poco. En Mendizorroza los parroquianos veneran a Gaizka Toquero. Un futbolista sincero. Nacido del barro. Al margen de la devoción, el fútbol se asienta en Vitoria en las botas de Llorente -la saga Gento continúa- y en el estado dulce de Camarasa, que ha buscado kilómetros para crecer. Por la izquierda, Theo Hernández es de un nivel superior. El Atlético de Madrid tiene ahí parte de su futuro.

El Valencia es cierto que no padeció en el primer acto. Mucha culpa la tuvo Santos, un venezolano muy alejado del nervio de Deyverson. La ausencia del revoltoso brasileño fue un alivio. Mangala, uno de los mejores en los últimos partidos, ocupó el banquillo como plan de recuperación. Llegó la hora de Abdennour, tan voluntarioso como impreciso. Sus conversaciones con Alves son carne de ‘Lo que el ojo no ve’.

En medio de la nada, la primera la tuvo Carlos Soler. Un centro de Siqueira lo recogió el chaval dentro del área para tirarla fuera cuando parecía gol. Parejo intentaba construir fútbol, Zaza empujó pero capado en su ímpetu y Suárez transita sin encontrarse como futbolista. Orellana tuvo que hacer de Nani pero el chileno tiene querencia hacia los terrenos de dentro. Hubo un momento que, ante la insistencia, Voro tuvo que dar libertad a los deseos. Soler compaginó con el chileno las tareas propias de la línea de cal sin ser extremos puros. Antes de agotarse la primera parte, Manu García tuvo la de Carlos Soler. También la tiró fuera.

El segundo acto tuvo más vida. La que dio el Alavés. Los de Pellegrino quisieron el partido y la defensa del Valencia empezó a sudar. La tuvo Manu García otra vez y ahí estuvo Alves. El Flaco, una vez pasaron los minutos de tanteo, encontró la puerta. Estaba en el centro. En ese espacio ruinoso entre Mario Suárez y los centrales. Mandó a la ducha a Santos y dio entrada a Sobrino. Nada más salir, lió a Suárez, Abdennour y Siqueira, se plantó ante Alves y el brasileño hizo la parada de la jornada. El trencilla Melero López no dio el córner ante el desgarro de Mendizorroza. Enzo Pérez ya estaba en el campo para tratar de coser los agujeros.

Poco después, Parejo puso un saque de falta en la escuadra que Pacheco despejó para que Carlos Soler, al que su juventud le hace perseguir imposibles, empalmará a la red. Un gol que parecía cerrar el triunfo. Ante el desánimo de un Alavés ajusticiado por la sinrazón del fútbol. Pellegrino creyó en su idea porque sabía dónde estaba el premio. El Valencia se apagó con el paso de los minutos y el argentino llenó de piezas su centro del campo para ganar. Allí se fue Ibai para empatar con un disparo desde la frontal ante el tancredismo de la defensa del Valencia. Oficio, la ausencia de él es una condena. Romero ya estaba en el césped.

Después apareció Katai. Zaza, con el empate, tuvo una que no fue por un resbalón. Otra vez Sobrino, el revulsivo, fue un cuchillo entre una defensa de mantequilla para colocarle un balón al serbio que definió con una paz interior impropia del que se jugaba el balón del triunfo al final del partido. Ayudó Cancelo, desorientado y desconcertado al romper el fuera de juego. La indolencia del luso llega a doler. Orellana, por juego peligroso, dejó al equipo con diez poco después de que Bakkali y Nacho Gil entraran a la desesperada. Al Valencia se le quedó cara de tonto. El agotamiento puede servir de argumento exculpador pero la falta de oficio de determinadas piezas no tiene perdón. El martes, ante el Leganés, una obligación más para alejarse del descenso y evitar esta montaña rusa.

En la jugada posterior, Fernando Pacheco realizó un gran parada en un lanzamiento de falta de Dani Parejo y Carlos Soler aprovechó el rechace para conseguir el primer gol del Valencia con un disparo cruzado.

El Deportivo Alavés lo intentó con varios cambios de corte ofensivo y su empeño dio sus frutos con un buen gol de Ibai Gómez (min. 77) desde el balcón del área que ajustó su disparo raso al palo izquierdo de Alves, quien no pudo alcanzar el balón a pesar de su estirada.

Los locales no se conformaron con el empate y buscaron el segundo gol con más ahínco. Aleksandar Katai, nada más entrar en el campo, adelantó al Alavés (2-1) después de recibir un pase filtrado de Sobrino y con un gran gesto técnico sentó a Alvés para marcar a puerta vacía.

El futbolista serbio incluso dispuso de una buena ocasión a la salida de un córner en el minuto 90, pero su testarazo se fue por encima de la puerta del Valencia, momentos después de que el conjunto de Salvador González "Voro" se quedase con diez jugadores por doble amarilla al chileno Fabián Orellana.