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Valencia CF | Así se gana al Real Madrid: crónica, goles y resultado

  • Enzo y Parejo lideran a un equipo que ganaba 2-0 a los diez minutos de partido

El Valencia CF resistió para ganar. Numantino. Un triunfo de los de antes, con Mestalla entregado sin condiciones y sin rencores. La grada es incondicional, leal y militante. Generosa con el esfuerzo y el compromiso. Si ayer hubiera salido cruz no hay reproches en el cajón.

Pero el Valencia tuvo arrestos para que saliera cara. Arrojo para ganar. El descenso, que a día de hoy es el objetivo para no construir castillos en el aire, está a diez puntos. Un paso más. Además, Voro se doctoró. En plaza de primer categoría. Hoy, el de l'Alcúdia es en Mestalla lo que más se puede acercar a la divinidad. Cada jornada, la etapa Prandelli pierde una capa más de maquillaje. Absurda. Con el apestoso 'fuori' como maniobra de distracción de los propios complejos. A veces funciona más la zanahoria que el palo. Lo dijo Voro nada más llegar: hay que recuperar al vestuario.

La victoria hay que contarla desde el principio. La resistencia que llevó al triunfo fue la consecuencia de los primeros diez minutos. El Real Madrid salió a tocar el balón. De una banda a otra para buscar la puerta abierta para marcar. Zidane, quizá, minusvaloró a su rival. El Valencia, juntito en la retaguardia, utilizó el contragolpe como munición de racimo. A los cinco minutos, primer zafarrancho de combate para que Munir le pusiera a Zaza un balón que el italiano empalmó a la media vuelta. Navas ni la vio. El golazo cambiará la vida del atacante de Policoro. Carne de memes. Zaza se desquitó de la Eurocopa y del West Ham a lo grande. Ante el Real Madrid. A la vista de todo el mundo.

Mestalla inició el éxtasis. Competir era la obligación. Ganar el sueños. El Real Madrid se tambaleó sobre el césped. Varane inició su calvario. El francés se marcó un partido horripilante. Con el rival grogui, el Valencia atizó otro croché. A la mandíbula. Contragolpe de manual y Orellana coló el balón entre las piernas de Keylor Navas. Otra vez Varane como culpable del delito. Del éxtasis se pasó al orgasmo futbolístico. Dos goles de ventajas en menos de diez minutos.

Al Real Madrid se le nubló la vista. Sin ideas. James fue un estorbo y Ronaldo se desesperó al no ver puerta con claridad. Mestalla hizo mofa de cada oportunidad errada por el luso. La chanza también forma parte del fútbol. Ambiente le llaman. Voro, mantuvo su librillo. Fuerte atrás, muy junto el equipo y generoso en el esfuerzo para salir a contragolpear para asestar el golpe definitivo.

La estrategia duró hasta que Nani en carrera se rompió. El luso, que cuando aparece siempre está de notable alto, todavía la puso para que Parejo rematara en otra buena oportunidad. El cambio obligó a recomponer filas y a abortar la alegría de salir a la contra. Voro situó arriba a Gayà para que entrara Siqueira en el lateral. A partir de ahí el ritmo fue otro. Además, era imposible aguantar un ritmo con Zaza como máximo exponente. El Valencia, espoleado por el resultado y con el aliento de la grada como dosis de adrenalina, transitó a tantas revoluciones que hubo que bajar una marcha casi de manera obligada. Al borde del descanso, en un balón perdido en la frontal, Ronaldo se coló entre los dos centrales para rematar a gol un centro de Marcelo. El luso no quiso ni perder el tiempo en su estrafalaria celebración marca de la casa.

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/ Reuters

La vuelta del descanso no tenía otro camino que el sufrimiento. Resistir era vencer. A la heroica. Cada minuto una batalla para ganar la guerra. En esa segunda parte alargaron su leyenda Parejo y Enzo Pérez. Inconmensurables. El madrileño se siente liberado, sin peajes. Y en ese punto es cuando florece su fútbol. Con Orellana como aliado. Enzo Pérez ha asumido los galones exigidos, equilibra al equipo y ordena con voz de mando como la bronca que le echó a Munir por su exceso de balón. Palabra de capitán.

Zidane casi se olvidó de la banda de Cancelo y cargó sobre Siqueira, el punto débil del Valencia. Una y otra vez. Machacón. Gayà se multiplicó y los centrales, en especial Mangala, fueron solidarios con el compañero. Desde el minuto uno, el Real Madrid puso a prueba la capacidad de sufrimiento del Valencia. El estorbo de James pasó al banquillo y apareció Bale para tratar de poner el miedo en el cuerpo. La pareja de centrales se multiplicaron y el Valencia achicó para que Zaza se pegara hasta con su vida allá en tierra extraña.

Las oportunidades rivales se hilaron en un rosario. Pocas claras pero insistentes. Mestalla apretó. Como en las grandes noches. Mangala marcó la raya para que Benzema se enterara de que aquellos terrenos estaban minados. En pleno asedio madridista, la tuvo Zaza. Varane, otra vez, la lío para que el italiano encarara a Navas. Carvajal, vestido de carga legal, atropelló al italiano para que el árbitro no se entera de aquella película. La tensión que se vivió casi convirtió la protesta en una anécdota. Después, De Burgos Bengoetxea se tragó el pisotón de Sergio Ramos a Munir. Penalti catedralicio.

No dio igual pero casi. Mestalla estuvo en otras cosas. En empujar, en animar -bendita sea la vuelta de la Curva Nord-, en llevar al Valencia hacia la victoria. Voro movió fichas para que no se descompusiera el centro del campo. Armar un dique para contener la fábrica de juego del Real Madrid. Primero Carlos Soler. Después, Mario Suárez por un Zaza fundido. El italiano es excelente en el esfuerzo. Un caballo loco, pura sangre descontrolado.

Las rampas fueron dolor pero no rendición. Parejo el ejemplo. Al Real Madrid no le valió ni el minuto 93 de Sergio Ramos. El Valencia ganó un partido, renacido, y se reconcilió sin dobleces con la grada. Así se gana al Real Madrid.