Las Provincias
Valencia CF

Manotazo y cabreo

  • El Valencia ofrece una mejoría en sus sensaciones y lamenta que el árbitro pasara por alto el claro penalti en el área del Betis

Por supuesto que es penalti. Nunca Pezzella, el del manotazo, volverá a aletear sin castigo dentro del área en lo que le queda de carrera profesional. El argentino del Betis quiso interrumpir la volea zurda del encorajinado Montoya y el balón impactó de manera descarada en su brazo derecho cuando cogía camino de portería. ¡'Pisha', penalti como una casa! La grada no tuvo duda, lo admitió sin discusión. El Villamarín enmudeció para escuchar la respiración temblorosa del árbitro, que correteaba en perpendicular a la jugada y fuera de su lógica ubicación. Pensar a estas alturas que el árbitro lo vio y decidió meterse en el berenjenal de no pitarlo es entrar en un terreno desconocido y poco tangible. Nadie sabe qué hubiera pasado qué hubiera pasado tras la condena. El problema para el Valencia posiblemente vaya más allá de si Trujillo Suárez necesita calibrar sus dioptrías o si la pifió de manera consciente (improbable). El gran quid de la cuestión realmente es por qué un colegiado como éste, novato en Primera, pitó un partido como el de ayer. Echando un vistazo a la tabla se encuentra la solución al enigma. ¿Será porque Betis y Valencia son actualmente equipos de 'relleno' en la categoría? Es triste reconocer que el Valencia actual ha caído en una dinámica en la que resulta hasta fácil ningunearlo. Ese el verdadero valor que entre unos y otros se han encargado de dilapidar de un tiempo hasta aquí.

Por eso resulta hasta comprensible y justo que el Valencia, tan necesitado como está de alicientes y motivaciones, se acoja a un factor como el penalti no pitado para adornar un pírrico punto que, estadísticamente hablando, dice bastante poco. Según las pretensiones de cada uno, compensa de alguna manera de las penurias de este capítulo liguero. Claro que se podría haber ganado, con o sin el dichoso penalti, pero también se podría haber perdido. Nos hemos pasado media temporada pidiendo que se cosiera la hemorragia de los goles encajados y cuando se consigue, aunque sea a trompicones, parece que falta algo. Es verdad que al Valencia casi todo le sale mal, tanto cuando lo merece como cuando no; pero no menos cierto es que esta vez aportó lo suficiente al menos para no perder. Algo es algo. Este equipo necesita crecer desde la propia convicción y resulta atrevido pensar que a partir de ahora va a ir todo como la seda. Quien se lo crea, incluido los propios jugadores, está muy equivocado. Más de uno debe seguir haciendo examen de conciencia.

En el Villamarín se vivió un cara a cara con bastantes ramalazos de intensidad y al que nunca el Valencia le perdió el pulso. Fallar atrás falló, como siempre, pero hubo conciencia general de la necesidad de arrimar el hombro. El Betis actual se basa principalmente en la potencia y calidad de Ceballos y el olfato descuartizador del veterano Rubén Castro. Fuera de ese particular ecosistema, los verdiblancos no aportan mucho más. ¿Qué aportó el Valencia para no entrar tan dócil en el matadero? Pues una fidelidad interesante con respecto al nuevo dibujo táctico y el compromiso individual de sostener al grupo. Pensar que Rubén Castro no marcó a pesar de la insistente flojera de Aderllan Santos ya es algo significativo.

Se contabilizaron más intercambio de intenciones en el primer tiempo que en el segundo. La igualdad fue la nota predominante y lo interesante de esta atípica matinal fue comprobar que Orellana, apenas recién aterrizado, tiene bagaje suficiente para aportar mucho más de lo que hasta el momento han evidenciado los de arriba. Jugó de mediapunta, por detrás del cada vez más voluntarioso Santi Mina, y en cada intervención aportó algo positivo. El día que se entienda mejor con sus compañeros, el equipo ganará en instinto.

Es lo que le faltó sobre todo al Valencia ayer en Sevilla. Capacidad para hacerle daño de verdad al rival. Un chutazo de Gayà desde lejos que el meta desvió a córner y un montón de intentos que murieron cerca de la trinchera del área no fueron bagaje suficiente para abrir en canal al adversario. Por fin Suárez se quitó de encima la empanada mental que lo hundió contra el Eibar y Parejo, más pendiente del doble pivote, tuvo fuerzas y energía suficiente para dejar claro que hoy por hoy resulta un futbolista fundamental. En esa batalla del medio del campo, el Valencia igualó a méritos. Nunca se descompuso. Se remangaban cuando había que echar un cable al incorregible Santos, y buscaban asociarse con los de arriba para ver si en alguna de esas caía el premio.

Se llegó con esa incertidumbre por parte de unos y otros al descanso y tras éste, el discurso siguió en un tono similar. A Voro no le quedó otro remedio que quitar del campo a Santos por miedo a quedarse con diez en cualquier momento, y por culpa de la lesión de Mina le tocó el turno a Zaza. Lo del italiano también merece un anexo. Va a por todas, las que le tocan y las que no. Pero es tan impetuoso que no saca ni la mitad de partido a sus cualidades. El italiano ha entendido que hay que trabajar y correr como el que más, pero de él lo que verdaderamente se espera son goles. Y eso ya es otro cantar. Que el Valencia vaya a meterse en un 'fregado' como el pagar una cifra global de 20 millones por él es suficiente motivo para replanteárselo fríamente.

Hay que esperar que el día que Nani se ponga de verdad las pilas y cuando Orellana tenga el suficiente tiempo para desplegar su fútbol, Zaza sea el primer beneficiado. El segundo lo será su equipo, que necesita, como ayer, gente que pise el área con verdadera dedicación. Porque, al margen del estropicio que causó el árbitro, lo que ayer faltó un Valencia igual de aguerrido pero mucho más decidido a demostrar que no es un equipo del montón.

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