Canal del Valencia

El Valencia cerró a última hora de ayer el traspaso de Pablo Hernández al Swansea por siete millones de euros. El futbolista de Castellón firma un contrato de tres temporadas con el club galés y pone fin a uno de los culebrones del verano. Manuel Llorente no estaba cómodo con el ambiente enrarecido que se había creado en el entorno desde que llegó la primera oferta, de cinco millones, del conjunto galés.
«No es la idea que salga pero el jugador tiene su opinión. Hay que esperar que los acontecimientos vayan aconteciendo», con esta frase, que mezcló desgana y hastío, quiso despachar el presidente la insistencia mediática con respecto a la situación del futbolista de Onda antes desplazarse desde Alcoy a la Ciudad Deportiva de Paterna, donde llegó a las ocho y media de la tarde para comunicar la decisión a Mauricio Pellegrino.
El presidente llegó tan sólo diez minutos después de que acabara la sesión vespertina a puerta cerrada programada por el cuerpo técnico valencianista, por lo que Pablo, que salió de la misma unos instantes después con un gesto más relajado al que ha mostrado en las últimas semanas, acudirá hoy a la Ciudad Deportiva de Paterna para despedirse de sus excompañeros.
Aunque el club tenía conocimiento a través de Byron Tutumlu, el agente de Michael Laudrup e intermediario del club galés en la negociación con la entidad de Mestalla por Pablo, de que el Swansea subía la oferta inicial de 5 millones de euros a 6,5, Llorente necesitaba una confirmación oficial. No le valía con la palabra de una tercera persona. Una llamada entre presidentes desbloqueó la negociación a primera hora de la tarde y el acuerdo finalmente se cerró en 7 millones. El propio Llorente comunicó al entorno del futbolista el acuerdo final de traspaso, antes de abandonar las instalaciones de Paterna a las diez menos diez de la noche. El último en salir de la Ciudad Deportiva fue Mauricio Pellegrino, pasadas las diez y media.
Ya por la mañana, tras el entrenamiento matinal, el propio Pellegrino se había encerrado en las mismas instalaciones durante hora y media con Braulio Vázquez. En esta ocasión, aunque el argentino había manifestado en público que quería al jugador en la primera plantilla, el desenlace no ha sido calcado al de Paco Alcácer. Llorente y Braulio le dejaron claro a Pellegrino que la operación era buena económicamente para la entidad y que van a exprimir los últimos días de mercado para reforzar el equipo con un jugador de garantías que ocupe el rol de Pablo Hernández.
Ése siempre ha sido el temor real de Pellegrino, el de quedarse con un jugador menos. Teniendo en cuenta que el cuerpo técnico liderado por el argentino dejó claro desde el primer día en el vestuario el código de comportamiento, en el que una regla que no se negocia es el compromiso del futbolista con el trabajo diario, sorprendió su argumentación sobre Pablo Hernández cuando el futbolista le había transmitido en persona que se quería marchar, que ya no quería jugar en el Valencia.
LAS PROVINCIAS pudo confirmar anoche que, aunque Pellegrino y sus ayudantes se llevaron una gran decepción en el momento en el que el futbolista les comunicó su intención, han valorado su comportamiento desde entonces ya que no se ha 'borrado' de ningún entrenamiento y en todo momento ha aceptado la situación de quedarse fuera de las convocatorias y del ensayo de los ejercicios de estrategia previos a los partidos. Pablo se despedirá hoy del mismo cuerpo técnico al que hace unos días comunicó su decisión de seguir su carrera deportiva en la Premier.
Con las dos partes enquistadas en su postura, lo que ayer quedó claro es que, el final del mercado, no podía dejar vencedores y vencidos. El rendimiento de Pablo hubiera sido toda una incógnita si el club valencianista no hubiera aceptado su salida al Swansea ya que, antes de la oferta de los galeses, ya había dado síntomas de volver a perder el rumbo tras el gran verano de Feghouli. Y esa segunda oferta del Swansea, redondeada al final por 7 millones, era más que interesante por un futbolista irregular y que había manifestado que ya no quería jugar con la indumentaria blanquinegra.
Pese al traspaso, el Valencia sigue transmitiendo en privado que no tenía necesidad económica de vender a ningún jugador a estas alturas de verano, situación que no deja de sorprender dada la altísima deuda, que aún equilibrando la cuenta de resultados, arrastra la entidad. Braulio no quiere dejar ninguna puntada sin hilo y ya tenía preparada, desde que llegó la primera oferta del Swansea, una agenda para buscar un sustituto para Pablo. El reloj corre muy rápido y el límite para encontrar un refuerzo, mañana a las doce de la noche, también.
Un refuerzo que también puede llegar a la delantera. La salida de Paco Alcácer como cedido al Getafe no se ha debido a una decisión deportiva del entrenador sino a un deseo personal del futbolista. Mauricio sigue queriendo a tres delanteros pero las opciones de mercado, teniendo presente que con Alcácer se cuenta en un futuro, son escasas. Uno de los deseos de Braulio, Álvaro Vázquez, tiene las horas contadas en el Espanyol.
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