Canal del Valencia
Cuando parecía que el verano iba a ser tranquilo en el seno del Valencia, el 'culebrón' Pablo Hernández ha irrumpido agitando las aguas. Porque el caso ni mucho menos está archivado. Y más cuando las dos posturas no pueden ser más distantes. Una guerra fría en toda regla. El club comunicó hace unos días al jugador y a sus agentes que no iba a aceptar la oferta del Swansea de cinco millones de euros. Y Pablo dejó claro a Llorente, el jueves, que no quiere seguir vistiendo la camiseta del Valencia y que considera que su etapa como blanquinegro ha llegado a su fin.
Aunque ambas partes consideran positiva la sinceridad con la que se está actuando, el desencuentro es total. La pelota ahora está en el tejado del club galés. Si Laudrup quiere a Pablo ya sabe que no basta con llamar al jugador para convencerle del cambio de aires, sino que el Swansea deberá subir considerablemente la oferta... y esperar a que Llorente la acepte.
Aunque en el club prefieren no valorar los motivos que han llevado al castellonense a tomar la decisión de abandonar la entidad, que no son otros que el sentirse poco valorado deportivamente en los últimos meses, sí que se ha recibido con una alta dosis de decepción la decisión drástica tomada por Pablo a principios de esta semana, cuando el mercado de fichajes comienza a bajar el telón. Mauricio Pellegrino dejó claro, desde su primera charla con la plantilla, que su deseo es contar con jugadores que tengan un nivel de implicación máximo. Aunque el cuerpo técnico ya detectó en la concentración de Marienfeld que el futbolista seguía con la misma percepción del final de la temporada pasada, cuando Feghouli le adelantó de forma clara en la carrera por la titularidad, ha intentado recuperar la confianza de Pablo con diversas charlas individuales. Pero ese trabajo no ha tenido sus frutos. El futbolista acabó de tomar su decisión cuando vio que el partido de presentación en Mestalla lo vivía desde el banquillo.
Aunque será hoy cuando Pellegrino decida si el jugador entra en la convocatoria para viajar a Madrid, a partir de las 19.40 vía AVE, su situación no quedará resuelta. Hasta el 30 de agosto el club tiene claro que va a seguir con la misma postura de fuerza, de no vender al jugador. La única posibilidad que tiene Pablo para comenzar la temporada jugando con el Swansea es que el club galés venga a Valencia con una oferta contundente. Porque, aunque no son vasos comunicantes, la entidad valencianista también va agotar los últimos días del mercado para intentar el fichaje de Cissokho. El Olimpique no acepta los cuatro millones de euros que le ofrece el Valencia, como primera oferta, pero la situación puede cambiar ante una hipotética entrada de dinero fresco si Pablo Hernández sale del equipo. Porque, si se produce, no llegará un interior.
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