Canal del Valencia
Roberto Soldado no estará esta noche en el césped del Camp Nou. El delantero valenciano se ha levantado hoy con una infección en las vías respiratorias, gripe y fiebre y no está en condiciones de disputar el encuentro. Aduriz será el titular. Es un grave contratiempo para Emery.
Las alineaciones son las siguientes. El Valencia juega con Alves; Miguel, Rami, Víctor Ruiz, Mathieu; Albelda, Banega; Feghouli, Jonas, Jordi Alba y Aduriz. Por parte del Barcelona, Guardiola saca a Pinto; Puyol, Piqué, Mascherano, Abidal; Xavi, Thiago, Cesc; Cuenca, Messi y Alexis. Finalmente ni Iniesta, ni Pedro ni Busquets estarán sobre el césped.
El propio Soldado acaba de declarar en su Twitter: "Desgraciadamente no voy a poder jugar al final esta noche.Os podéis imaginar como me encuentro.Mucha suerte a mis compañeros".
Llegó el gran día. Hoy no hay que guardar ni un gramo de fuerzas, ni mucho menos de ilusión. Porque la ilusión dicen que mueve montañas, y hoy el Valencia debe dar un buen empujón, digamos, al Everest para allanar su camino a la final de Copa. Es imprescindible entregarse hasta el límite. Que los mil valientes que estaréis en las gradas y las decenas de miles que empujaréis frente al televisor enmudezcáis el Camp Nou con el grito del 'Jo crec'. Que los once -catorce más bien- elegidos por Unai Emery impongan una sordina que impida ejecutar su sinfonía al que dicen que es el mejor equipo del mundo.
El Barcelona quiere la Copa como colchón. Por si acaso le fallan sus dos títulos prioritarios: esa Liga que se le ha puesto más en chino que la procedencia de Jinko Solar y la Champions, donde un mal partido le puede mandar a casa. Pero al Valencia no le debe dar miedo esta ambición culé. Más bien debe transformarla en ansiedad para el rival. Ahí está la piedra filosofal.
Si el balón circula con rapidez, el partido tendrá más color azulgrana. Pero el equipo de Mestalla sabe cómo evitar que el Camp Nou disfrute. Emery ya puso contra las cuerdas a Guardiola durante 45 minutos la temporada pasada. Faltó algo de puntería, y en este sentido parece decisivo que el instinto asesino de Roberto Soldado esté más a flor de piel que nunca.
El suyo y el de todos. Hay que acertar a la primera y tener esa dosis de fortuna necesaria para derrotar a uno de los rivales más temibles del planeta. Hará falta esa pierna de Rami que salva un gol cantado, o que esta vez el árbitro no evidencia problemas de vista y sepa distinguir entre una mano y un sobaco.
El primero de los muchos golpes de efecto que deparará el desenlace de esta eliminatoria lo dio Emery con su sorprendente convocatoria. Entre los elegidos no figuran ni barragán ni Dealbert, pero lo más llamativo es que tampoco está uno de los jugadores que mejor tienen tomada la medida al Barça, protagonista en la última visita blanquinegra al Camp Nou y ya recuperado de su lesión: Pablo Hernández. El castellonense pasa de la titularidad del Calderón nada más regresar de la enfermería a quedarse en Valencia, fuera del partido más exigente del año.
Por la mañana se preguntó a Emery si iba a llevarse a toda la plantilla a Barcelona. El técnico apostó por no decir ni si ni no, sino todo lo contrario, pero ya dejó un «quizá si somos demasiados pueda haber despistes». Al final la lista está compuesta por 19 futbolistas.
Emery continúa confiando en Bernat. El chaval, que destacó especialmente en la Copa ante el Levante, se ha convertido en la gran apuesta de cantera del entrenador vasco.
El escenario idílico para el Valencia se antoja poco menos que utópico. El club querría un partido mucho más apacible que el viaje a Barcelona. El vuelo, que duró algo más de una hora, fue movidito por el fuerte viento que azotó la franja mediterránea. En el despegue los futbolistas se lo tomaron incluso a broma. Al aterrizar, las caras ya eran un poco más serias.
Pero donde la plantilla espera desplegar sus alas es en el Camp Nou. En la expedición se admitía entre corrillos lo complicado de enfrentarse al Barça, sus mareantes estadísticas como local, pero también reinaba la confianza en sacar esta noche un buen resultado. El empate con goles se antojaba como la apuesta optimista más sensata. Algunos futbolistas juguetearon durante el viaje en las redes sociales. Así se contiene mejor la tensión, que sin duda va por dentro.
Por primera vez posiblemente en los casi cuatro años que entrena al Valencia, la alineación de Emery es a priori previsible. «Mathieu por la derecha, pero no se lo digáis a nadie», bromeó el técnico por la mañana ante la prensa. No cuela. El francés volverá a asociarse en banda izquierda con Jordi Alba, mientras que la derecha parece coto reservado para Miguel y Feghouli. Los mediocentros, los de gala (Banega y Albelda). Los centrales, más de lo mismo (Víctor Ruiz y Rami). En ataque Aduriz suplirá al lesionado Soldado y quizá en el enganche podría haber algo de debate. Lo normal es que juegue Jonas, pero el buen momento de Piatti no pasa inadvertido.
El Barcelona no ha viajado pero Guardiola sí que tiene en principio más dudas con su once. Al menos resulta imposible predecir con garantías el once inicial de un técnico que le ha cogido gustillo a eso de jugar al despiste. Al cierre de esta edición, Busquets, Pedro e Iniesta son oficialmente duda. Sí, duda, porque llega un punto en que nadie puede asegurar que un día de estos Pep sorprenda con Afellay y Villa en el once. Aparentemente, los tres canteranos están recuperándose de sendas lesiones. Busquets tiene quince puntos de sutura en la rodilla, mientras que Pedro e Iniesta no entraban en ningún plan pero ayer sorprendentemente se ejercitaron con el resto del grupo. Huele a chamusquina. ¿Se atreven a apostar? ¿Jugará uno o los dos?
De Alexis, ni hablamos. El chileno, el segundo milagro de los galenos culés (el primero fue la curación de Messi ante Osasuna), no jugó ante la Real Sociedad por precaución al notar unas molestias. Xavi, tras dos encuentros de descanso, será titular. Es la única apuesta segura junto a Pinto y su ya legendario sobaco. Así pues, Guardiola puede haber pasado de no tener apenas efectivos y verse obligado a recurrir al filial a disponer de su plantilla al completo.
Y es que nadie dijo que mover el Everest sea sencillo. Pero esta montaña hay que moverla y este Valencia tiene capacidad para ello. Si el equipo de Emery hace bien las cosas, Guardiola deberá buscarse una excusa más convincente que el estado del césped.

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