Canal del Valencia

Una Copa del Rey por el desagüe. Y lo peor es que a estas horas se podría estar hablando de soberana remontada blanquinegra. El equipo de Emery rozó la heroicidad. Durante muchos minutos se hizo acreedor a la gesta, pero por los méritos gallegos y deméritos valencianistas el que está en cuartos de final es el Deportivo. No el Valencia, capaz de hacer lo más difícil y buscarse él solo la ruina absoluta. Porque, aunque parezca mentira, durante algo más de 25 minutos estuvo clasificado el Valencia, que incluso en el tiempo de prolongación, primero con Silva y luego con Mathieu, acarició a la desesperada el milagro.
Quizá la eliminatoria estaba decidida ya de antemano en Mestalla, cuando Emery apostó por un once que despreció el potencial oculto que maneja Lotina. Como ayer. El Deportivo, que en Valencia sacó todo el jugo posible a su tremenda cohesión, esta vez se encomendó a Filipe, con diferencia el auténtico verdugo de los valencianistas. Eso sí, la responsabilidad en estos casos hay que repartirla. Ya se sabe que el éxito es colectivo y la derrota huérfana, pero tanto peso tiene en esta eliminatoria el propio Emery, en la cocción y en la reacción, como una defensa que en la parte final del partido de anoche se vino abajo de manera estrepitosa, con mención especial para Miguel, quien pasó del todo a la nada.
Ahora, con el acceso a la Champions como reto principal y la Europa League como guinda, pesan reflexiones como el lujo de mantener al mejor goleador de Europa en el banquillo. Sacar a Villa a siete minutos para el final es de auténtica locura, máxime cuando poco antes el Deportivo ya había atrapado para sí mismo los cuartos de final. Son muchos los frentes de debate que se abrirán hoy: que si Silva no aguantó el ritmo de juego, que si a Vicente le pesó la larga ausencia, que si Fernandes desapareció poco a poco, que si la defensa naufragó de manera incomprensible... La realidad, en cualquier caso, supera todos los puntos de vista. Eliminados. Ahí no hay lugar a dudas.
Lo peor de todo, lo que más rabia debe dar a la afición, es que mejor no se pudieron poner las cosas. Casi sin tiempo para concienciarse de lo que realmente estaba en juego, entre Domínguez y Miguel fabricaron un centro del portugués al corazón del área pequeña. Y ahí, una de las grandes novedades en el once, Zigic, empezó a suavizar la espinosa eliminatoria. El valencianista saltó lo justo y le puso poca intención al remate de cabeza, pero lo que nadie esperaba es que se le escurriera de manera inocente a Manu. Gol a los diez minutos. Quién lo iba a decir y quién lo diría viendo el final de la película.
Cuando Emery imaginaba la remontada, visionaba un tanto en la primera parte. Y si éste llegaba a la media hora de juego, mejor que mejor. Pues bien, al técnico empezaban a salirle las cuentas. Su arriesgada apuesta por un once inédito daba fruto. Al menos por ahora. El reto estaba cada vez más cerca. El equipo tenía 80 minutos por delante para volver a anotar y ya se sabe que si algo tiene el Valencia fuera de Mestalla es gol. Por supuesto había que ver cuál era la reacción de unos y de otros antes de que la aventura fuera cogiendo cuerpo.
Y pasó sencillamente que al Deportivo no sólo le empezó a venir grande el partido, sino también la eliminatoria. En la recomposición de piezas que había diseñado Lotina, forzado por las siete ausencias por lesión, al conjunto local empezaban a fallarle tanto las fuerzas como las ideas. Ni estaba claro si los gallegos se iban a echar para atrás a luchar decididamente por la resistencia ni si por el contrario seguían apostando por transitar en zona de nadie.
Temblores locales
Como por delante estaba Bodipo, que era como jugar sin delantero centro, al Valencia se lo pusieron en bandeja. Sin presión y sin engancharse a un Valerón con tanta calidad como ausencia de físico, al Deportivo le entraron los miedos. Es el cuarto clasificado de la Liga, pero delante estaba el tercero. Duelo de lujo y, pese a que el ritmo de juego no fue alto, sí lo suficiente como para que el balón fuera muchas más veces dirigido al área gallega que a la valencianista.
Por eso a Riazor no le quedó otro remedio que mirar el reloj. El Valencia, hoy por hoy, está un par de escalones por encima, pero eso debe demostrarlo. Del primer minuto al último.
En esas incertidumbres estaba el juego cuando Miguel levantó la vista al área y se decidió a dar un pelotazo largo, de esos que por lo general se pierden por la línea de fondo. Zigic lo evitó y de qué manera. Su cabezazo fue igual de sencillo y efectivo que el anterior, sin que centrales ni portero pudieran hacer nada. Otro gol al saco. 0-2 antes de llegar a la media hora de juego. En esta ocasión el tanto sí que fue celebrado por todos, incluido el banquillo. Con una hora todavía por delante, el Valencia le había dado la vuelta a la eliminatoria como si se tratara de un calcetín y sólo un despiste defensivo y un desastre general, como así ocurriría después, podía hacer que la tranquilidad de Moyá se viera alterada.
Lo hacía tan fácil el Valencia que quizá llegó a sorprender a los propios protagonistas, incluido un 'Chori' Domínguez muy poco participativo y fuera de sitio. Destinado el argentino a ocupar la banda derecha, siempre se inclinó hacia el centro demostrando que su sitio es el de Silva y dejando demasiado verde a un Miguel tan intenso e inspirado que nunca pensó que después sufriría un auténtico calvario. Al portugués, apenas iniciado el juego en el segundo tiempo, no se le ocurrió otra cosa que cabecear hacia atrás sin imaginar que Filipe, un lateral a quien Lotina había reconvertido en interior, recogería el balón y batiría a Moyá. Justo en otro de los momentos decisivos, esos que hacen que pensar a los entrenadores.
Porque el gol lo que hizo fue mandar la eliminatoria al principio, pero no al arranque de este partido de Riazor, sino al de Mestalla. Otra vez igualada y con mucho que decidir, ya que eso volvió a inyectar vida a los gallegos. No es que tuvieran éstos muchos argumentos guardados en la recámara, pero por algunos instantes pareció que los valencianistas perdieron el control de la situación.
Así fue realmente. Quizá de manera inconsciente y sin palpar la realidad, el Valencia sufrió una vía de agua por la derecha. Filipe se encargó de dar otro gol a Juan Rodríguez y hasta de fallar el tercero cuando estaba Moyá por los suelos después de un rápido contragolpe de Adrián tras sortear a Navarro y a Marchena. Vaya cambio de partido. Del éxito al varapalo. Del 0-2 al 2-2. De la memorable remontada al batacazo inaceptable.

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