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El jugador convierte los habituales silbidos de una parte de la grada, que no le perdona que denunciara al Valencia, en una cerrada ovación
19 de octubre de 2009
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Albelda reconquista Mestalla
RESPETO. Albelda levanta los brazos mientras Xavi trata de calmarlo. /EFE/JUAN CARLOS CÁRDENAS
C. VALLDECABRES.-

Dice el horóscopo que 2009 va a ser para los piscis, en líneas generales, un buen año en asuntos relacionados con el amor y el corazón. David Albelda (15-3-1977) es piscis y no es que necesite el estudio astral para saber su buen feeling con Vicen, su mujer, precisamente a poco de estrenarse como papás pero la verdad es que el pronóstico encaja a la perfección con un tema que le afecta muy directamente y que tiene que ver con los sentimientos: el Valencia Club de Fútbol. El centrocampista ha vuelto a reconquistar Mestalla. Emery, esta vez listo a la hora de diagnosticar cómo y cuándo serían los cambios, se lo puso en bandeja: Albelda -sustituido por Maduro a cuatro minutos para el final- escuchó la ovación que estaba persiguiendo desde hace dos años, cuando su carrera en el club de sus amores tuvo un dramático punto de inflexión con Koeman y su posterior demanda a la entidad.

«Esto es un barco y si no quieres subir, te dejamos aparte». El autor de esa frase, pronunciada como profunda reflexión y justificación a principios de diciembre de 2007, es Ronald Koeman. De aquel barco del que tiraron por la borda a Albelda -en el mismo pack iban Cañizares y Angulo- han ido naufragando todos los protagonistas: Koeman, Miguel Ángel Ruiz y Juan Soler. «Fueron momentos muy duros pero me gusta demostrar las cosas y el sentimiento en el campo. No era fácil sobreponerse a esa situación. Lo tengo olvidado aunque afortunadamente para todos no están en el Valencia», decía ayer en TVV.

Albelda volvió a subirse por la escalerilla de aquel barco y este sábado hasta tomó los mandos de la nave. Como en los viejos tiempos cuando tenía a su lado Baraja. Con el vallisoletano ha tenido sus más y sus menos pero el sábado, Albelda le dio una palmadita en la espalda cuando su compañero espera en la banda su turno para entrar. «Con Rubén no hay ningún problema. Di ánimos a los dos (Maduro), fueron momentos mágicos», matiza.

No estaba Marchena pero el de Pobla Llarga fue capaz de asumir el rol sin titubear. A los 30 segundos de partido ya le había 'pegado un viaje' a Alves y a los cinco minutos el recado iba para Iniesta. Albelda reparte, casi tanto o más que Marchena, pero se le ve bastante menos. «Nuestro secreto es que da igual si jugamos contra Madrid, Barcelona o Sporting. Tenemos que tener concentración y sacrificio. Parecía que estaba controlado pero el Barça es muy peligroso». La amarilla le llegó al valenciano en el minuto 68. Ya por entonces había sembrado todo su dominio. La cosecha la recogió cuando el cuarto árbitro mostró su dorsal. Mestalla se puso en pie.

A Albelda no le perdonaban el litigio que mantuvo con el club. Tras lo de Koeman, la cosa se fue torciendo hasta el punto de que los abogados del jugador llevaron al Valencia al juzgado con aquella demanda cifrada en 60 millones de euros (lo que estipulaba su cláusula de rescisión) tras el aislamiento deportivo que sufrió. El futbolista -apartado desde diciembre a abril- siempre dejó claro que la denuncia fue al club por la imposibilidad de llevar a los tribunales a Juan Soler. Al final todo quedó en nada. «La comunicación con la afición siempre ha sido buena, nunca he tenido queja. Uno siempre está muy agradecido. Lo valoro mucho porque he pasado malos momentos», dice.

El centrocampista, desde aquello, ha tratado de ser el mismo. Al menos su carácter, abierto y dicharachero, no ha cambiado. Continúa, pese a todo, siendo un referente a tener muy en cuenta y casi siempre se moja (me gustó mucho Mathieu, Emery acertó»). Hoy en día, Albelda ni luce la condición de titular ni tampoco lleva el brazalete (Marchena le ha quitado los dos conceptos) y se toma con el gusto de sofá los partidos de selección. Al menos ahora, Mestalla vuelve a estar de su lado. «Acabar en el Valencia, ése es mi sueño». Está más cerca de cumplirlo.

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