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Manuel Llorente, un cinéfilo empedernido, vuelve al fútbol aunque sus pasiones deportivas son el baloncesto, las motos y pasear en bicicleta. Unido a los Roig, ahora ya es actor principal
8 de junio de 2009
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5.000 películas y una más
PEDRO CAMPOS.-

Memoria USB. Numerosos gigas de capacidad. Películas a gogó en su interior. El espectador toma asiento. Pantalla a oscuras. Aparecen los créditos. Título: «Y ahora presidente». Actor principal: «Manuel Llorente». Actores secundarios: «Javier Gómez, Fernando Gómez y Vicente Andreu». Directores: «Los Roig». Localización: «Mestalla». Extras: «La afición blanquinegra». Comienza la proyección. Argumento: «Reflotar el Valencia». Este bien podría ser el guión de una de las 5.000 películas que el nuevo presidente del Valencia tiene en su videoteca personal.

Cinéfilo empedernido, Manuel Llorente Martín (Valencia, 25-01-1952) roba horas a sus quehaceres profesionales para disfrutar del celuloide. Esta es una de las aficiones del trigésimo primer presidente de la entidad blanquinegra. Tiene muchas otras. Ahora deberá sacrificar parte de ellas para retomar una faena que ya realizó aunque sin el caché que da el sillón presidencial, el mismo que ocupó Paco Roig, el hombre que lo introdujo en el Valencia, donde ha sido consejero, director general y consejero delegado antes de tomar el poder absoluto.

Casado con Amparo, tiene tres hijos (Natalia, Manolo y Luis). Llorente, que estudió Económicas, fue haciéndose un nombre en Mercadona, donde llegó a ocupar el cargo de Director de Tiendas. Juan Roig no deja de vanagloriarse de que la promoción interna funciona en su empresa. Pero en lugar de ascenderlo en ella, quiso alzarlo en el mundo del deporte situándolo como la sombra de su hermano. La convivencia entre ambos no tardó en agriarse. Llorente cada día absorbía más poder en el club y Paco Roig al final tuvo que marcharse, no sin lanzarle alguna que otra perla. «Es el Bin Laden del club», se atrevió a decirle, además de colarle en el consejo a Marcelo Safont y Bienvenido Asensi para hacerle la vida imposible.

Pero a Llorente es casi imposible, sacarle de sus casillas. Los que le conocen bien hablan de su agilidad mental para salir airoso de las situaciones más comprometidas. «Su cabeza es un ordenador», asegura un fiel compañero de viaje en el Pamesa. Pero, de igual forma, es una persona hiperactiva, que puede acabar a las tantas de una maratoniana reunión en la ACB y tomar un vuelo para asistir por la noche a una cena ineludible. Sobre todo si es con su familia, su círculo irreductible con la que disfruta en Picassent, localidad a la que está muy arraigada y donde todos lo conocen. Prefiere permanecer allí antes que en la playa, donde también tiene casa.

En esos momentos de relax reparte su tiempo con paseos en bicicleta (justamente hace unos años se le conocía por Pantani por su amplia calva) o disfrutando de las carreras de motos. «Le chiflan», dicen. También tiene entre sus gustos la lectura. Es habitual verle en los aeropuertos, antes de un viaje, adquiriendo algún libro que ojear en el avión, ya que a diez mil metros de altura no es aficionado a dormir. Prefiere la novela, aunque suele preguntar a la responsable del quiosco para que le ayude a elegir. Y le encanta dejar ejemplares con las que ha disfrutado. Uno de ellos fue «El libro con el pijama de rayas». Se deleitó con él.

Pero donde se maneja como pez en el agua es con los números. «No aguanta que se despilfarre el dinero», destaca un colaborador. Que se lo pregunten a Florentino Pérez. Quiso llevarse a Ayala y acabó desquiciado. Llorente controló la deuda que dejó Paco Roig, vendió jugadores por grandes importes y fue el hombre fuerte del Valencia que más títulos ganó.

«Es muy leal a sus amigos, los defiende a muerte», relata un trabajador suyo. Nunca ha dejado de alabar a Juan y Fernando Roig, los impulsores del baloncesto en Valencia. Pero, de igual forma, no está donde no se le quiere. En el Valencia fue la mano ejecutora en el día a día con los cuatro presidentes con los que lidió -Paco Roig, Pedro Cortés, Jaime Ortí y Juan Soler-, pero cuando vio que este último le restó poder, el 11 de noviembre de 2006 dimitió.

«Soler me dijo que quería llevar el club como si fueran sus cines», desveló Llorente cuando se marchó a su casa. Fue el final de una década donde los títulos no paraban de llegar: dos ligas (2002 y 2004), una Copa del Rey (1999), una Supercopa de España (1999), una Copa de la UEFA (2004) y una Supercopa de Europa (2004). Además, se quedó a las puertas de la Liga de Campeones, con dos finales perdidas (2000 y 2001).

Esta fue la parte bonita de su estancia en Mestalla. Otros aciertos fueron los créditos solicitados a bancos, las negociaciones con los agentes o la venta multimillonaria de Mendieta al Lazio y la pelea por recuperar el dinero que debía el club italiano. Pero también hubo momentos agridulces. Con Rafa Benítez y con Jesús García Pitarch las tuvo tiesas. Con el actual técnico del Liverpool su relación fue extraña. Manuel Llorente todavía se pregunta qué ocurrió para que se distanciaran. Era habitual que ambos, con sus respectivas mujeres, cenaran los viernes por la noche. Esto en los dos primeros años de la estancia del madrileño en el Valencia. Pero las exigencias del entrenador para reforzar el equipo lo enturbiaron todo.

Con Jesús García Pitarch todavía fue más duro. El técnico de la Pobla de Vallbona llegó a decir de Manuel Llorente que era «el centro de intoxicación del club» y «que se había apropiado de los éxitos deportivos del Valencia».

Tras el fútbol pasó al baloncesto, otras de sus pasiones. La familia Roig volvió a rescatarlo. Lo situó como presidente del Pamesa. Lo ha dejado huérfano de títulos, pero en la ACB han respirado por la combatividad que siempre ha ofrecido defendiendo sus creencias. Y vuelta al fútbol. Al Valencia. Como presidente. A formar tándem con Javier Gómez, ese al que hizo una entrevista de trabajo en 1999 cuando opositaba a inspector de Hacienda. Le fichó para el departamento económico. Es la película de parte de la vida de Manuel Llorente. Continuará...

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