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racing-Valencia (0-1)
El Valencia vuelve a zona de UEFA tras lograr un triunfo a domicilio cuatro meses después contra un Racing que falla un penalti en el 93
23 de marzo de 2009
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JOAQUÍN BALLESTA.-

¡Triunfo del Valencia en Santander! Es cierto. Cuatro meses y medio habían transcurrido desde la última victoria a domicilio, en Getafe, tan lejana que data del pasado año (9-11-2008). Triunfo sin encajar un gol y sin Villa, Silva y compañía. Retorno, además, a puestos de UEFA. Los hados vuelven a sonreír y quedó demostrado en el minuto 93 cuando un penalti de Albiol a Pereira, Serrano lo desaprovechó mandando el balón al larguero. Cuando peor pintaba todo, deportivo y social, llegó la resurrección, de la mano de la juventud, del futuro, encarnado en Pablo, Míchel y Mata, en un segundo tiempo muy bueno de los de Emery, desaparecidos en el periodo precedente. Y es que el Valencia de ayer fue remiso e inoperante primero, para despertar después. Su reacción le llevó al triunfo.

Unai Emery sorprendió al alinear el tercer centro del campo diferente en los tres últimos partidos -esta vez con un 4-3-3-, y a los 37 minutos de juego ya estaban haciendo ejercicios de calentamiento en la banda Albelda y Míchel. Fue patético ver evolucionar al equipo en un primer tiempo que resultó todo un esperpento, un canto a la desesperanza, porque nadie en el Valencia fue capaz de plantarse, asumir responsabilidades, poseer el balón y moverlo con sentido.

Lo más triste fue contemplar la actitud de los de Emery desde el pitido inicial. Esperando, renunciando a la creación, con una lentitud desesperante, casi sonrojante, mientras el Racing, dueño del balón y a base de ganas, los arrinconó entorno a su área. Baraja apenas si abrió el juego a las bandas en un par de ocasiones, las únicas en que Pablo pudo penetrar y servir. Edu quería, pero no siempre le salían las cosas y Fernandes, por enésima vez, no estuvo. Luccin y Lacen se bastaron para imponerse en el centro del campo, ante la pasividad de los valencianistas.

Así las cosas, el balón merodeó siempre el área valencianista, zona en la que tampoco hubo claridad, rapidez ni la necesaria concentración para fijar las marcas. Y si no llegó algún gol fue porque César trabajó a destajo y porque Moral y Pereira, los dos puntas locales, que volvieron locos a los zagueros valencianistas, no acertaron con el punto de mira.

La segunda mitad ofreció otra cara. El partido cambió, primero para mal por la expulsión de Alexis con una segunda amonestación más que rigurosa y después, de manera sorprendente, se puso mejor para un Valencia que, en inferioridad numérica, jugó mejor, llegó arriba con mayor facilidad gracias a la intensidad que metió Pablo y pudo hasta marcar. Fue el jugador castellonense el que se fue solo en busca de Toño, pero con el balón trompicado no pudo llevarlo a la red.

La expulsión de Alexis trastocó los planes de Emery, que tuvo que colocar a Albelda como central, junto a Maduro, mientras Albiol seguía en el lateral derecho. Fernandes y Baraja quedaron en la medular, más batalladores y mirando más hacia adelante, sobre todo a Pablo, que se convirtió en el mayor peligro para el Racing. En el minuto 70 volvió a disfrutar de una ocasión pintiparada para el gol, que tampoco aprovechó. Su labor, sin embargo, es digna de elogio, por ganas y participación.

Por increíble que pudiera parecer, el Valencia funcionaba mejor con 10. Se estiró mucho más, avivó su desesperante ritmo del primer acto y, a base de tocar y con desplazamientos largos, para entonces ya con Míchel como punta, metió el susto en el cuerpo a un Racing que no daba crédito. Y enseguida, Mata al campo. Ubicado como exterior zurdo formó un tridente tan joven como espectacular con Pablo y Míchel. La juventud al poder.

En plena efervescencia valencianista, tras los avisos lanzados, llegó el gol. Apertura espectacular de Baraja, como sólo él sabe hacerlo, para un Pablo que porfió, llegó, centró y Mata, que venía lanzado, mandó el balón a la red. ¡Gol del Valencia! Había que frotarse los ojos, pellizcarse, para ver si era verdad. Y lo era. Después, trabajo sucio, contención y dar la cara para mantener un triunfo que se resistía en exceso. Punto de inflexión que debe catapultar al equipo. Así sea.

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