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No es la primera vez que los jugadores del Valencia están sin cobrar. En 1985 hubo un plante
16 de marzo de 2009
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Una historia para no dormir
Sempere, Saura, Wilmar y Roberto, en primer término, ejercitándose entre las dunas del Saler en 1985.
LUIS FURIÓ.-

El marco y las circunstancias eran distintos a los de ahora, pero la situación es similar y mete miedo. Poco fútbol y la caja vacía. No es la primera vez que el Valencia está contra las cuerdas y sus futbolistas sin cobrar. Hace poco más de veinte años en Mestalla también se hizo de noche y el club entró en un túnel tenebroso.

"No sé si ahora van a conseguir el plan de viabilidad, pero aquello me parece que fue mucho más grave -recuerda uno de los protagonistas de entonces-. Nos debían varios sueldos, las primas de toda la temporada e incluso la mitad de la ficha del año anterior. Y además a los empleados también le adeudaban varias mensualidades..."

El miércoles, día 4 de mayo de 1985, la plantilla se reunió en el vestuario de Paterna y, tras una votación, por unanimidad se acordó un plante. No se escuchó la palabra huelga, pero los futbolistas decidieron suspender los entrenamientos oficiales. Mientras los empleados permanecían a la expectativa, el desaparecido Vicente Tormo, presidente del club, no tuvo fortuna en su intento de convencer a los jugadores.

"Es una medida que a los jugadores no nos gusta, pero se han colmado las expectativas y no podemos esperar más", explicó entonces el uruguayo Wilmar Cabrera, convertido en portavoz de sus compañeros. De los Arias, Fernando, Quique, Saura, Aliaga, Revert, Cuxart, Arroyo, Sempere, Giner, Roberto, Castellanos, Subirats, Tendillo, Urruti... a los que entrenaba Roberto Gil.

Durante varios días, los 24 integrantes de la plantilla acudieron a primera hora de la mañana a la ciudad deportiva de Paterna para firmar en la hoja de asistencia. Después realizaron se trasladaron indistintamente al complejo deportivo de Benimar y el campo del Parador Nacional de El Saler para ejercitarse en solitario.

En ese sentido, la situación no era nueva para los futbolistas, porque en septiembre anterior, coincidiendo con la huelga de los jugadores profesionales que promovió la AFE, también se ejercitaron lejos de Paterna, en privado, y sin la presencia del técnico.

Algunos futbolistas, al residir en zonas próximas, acostumbraban a acudir juntos a los entrenamientos, alternando los vehículos. "Hoy vamos con el tuyo y mañana con el mío." Por lo tanto no iba a resultar muy complicado controlar el escenario donde trabajarían. Bastaba con seguir al indicado, que repetiría itinerario para ir recogiendo a sus compañeros.

El Valencia se disponía a preparar el adiós de la temporada con un duelo frente al Betis, en aquel torneo ya desaparecido, denominado Copa de la Liga, que se sacaron de manga los sesudos de Alberto Bosch para apretar más el calendario.

El torneo de la regularidad había terminado dos semanas atrás con el equipo valencianista en una discretísima décima posición, mientras que en la Copa del Rey el Sporting le había apeado en los octavos de final, al empatar sin goles en El Molinón y a un tanto en Mestalla.

Aquel Valencia regresó del Benito Villamarín con un lastre de cuatro goles y con la sensación de incapacidad de poder remontar una semana después en el partido de vuelta, en el que efectivamente no pasó de un tímido 1-0. Adiós a la temporada.

Prácticamente terminaba de empezar el mes de mayo y las soluciones económicas aún tardaron unos meses en llegar. Las continuas promesas no se cumplían y el comité de empresa levantó la voz y desveló una mala gestión económica.

Los dirigentes acordaron el relevo de Roberto en el banquillo, al que sucedió Valdez, aunque no acabó el ejercicio. A doce jornadas del final le sustituyó Di Stéfano. Era el principio del fin. Las crisis económicas no siempre se resuelven con un gol y el club estuvo condenado a sufrir una terrible penitencia.

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