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OSASUNA 1 – VALENCIA 0
Un impotente Valencia es incapaz de reaccionar tras encajar el gol y cae ante otro modesto rival
9 de febrero de 2009
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JOAQUÍN BALLESTA.-

Otra decepción. Otra derrota. Otro gol a balón parado. Otro partido, y van 16, sin mantener la portería a cero. Lo peor, sin embargo, vuelve a ser la imagen ofrecida. Pésimo primer periodo, con asomo de reacción tras el tanto local. Pero fue un mero espejismo. El Valencia, lejos de mejorar, va a menos a pasos agigantados. Así es imposible.

La primera mitad fue de auténtico sopor. Uno y otro equipo se fueron al descanso empatando a nada, pues si exceptuamos los dos últimos remates locales, en el tiempo de prolongación, el primero tras golpear el balón en Marchena y el último a cargo del central Sergio, no hubo nada más.

Osasuna trató de jugar con el máximo orden posible, para evitar verse sorprendido en alguna acción a cargo de los habilidosos Silva, Villa o Mata, a los que vigiló con celo. Los de Camacho aseguraban la posesión del balón todo lo que podían y buscaban aperturas a las bandas, donde Juanfran y Plasil dieron trabajo a Moretti y a Miguel. Sin embargo, apenas tuvieron opciones de gol y prueba de ello fue que Pandiani pasó desapercibido, en gran parte gracias a lo atento que estuvo siempre Albiol, y el uruguayo acabó incluso viendo la cartulina amarilla.

El Valencia se lo tomó con calma. Con demasiada calma, lo que hizo que el balón nunca circulara con velocidad. Así era imposible sorprender a los locales, bien colocados. Tan solo los desplazamientos largos del cuero a cargo de Baraja dieron algo de criterio al fútbol que intentaban hacer los de Emery. Pero ninguno de sus compañeros fue capaz de hilvanar posterior jugada.

Angulo apenas dio señales de vida en su regreso a la banda. Mata, en la otra, aportó mayor movilidad, participación, pero Azpilicueta le ganó siempre la partida. Y como Silva sigue lento, demasiado lento, y necesita controlar, pisar y darse la vuelta antes de servir, sus acciones acabaron en nada y, además, recibiendo faltas.

Con semejante panorama y con un fútbol tan lento y, por lo tanto, previsible, era imposible que Villa dispusiera de opciones para tratar de inquietar al meta local Roberto, salvo que él mismo se las buscara. Y eso tampoco sucedió.

Ante tanta inoperancia valencianista, en cuanto existía la mínima duda, balón atrás, a César, algo que no es censurable si después se sabe salir hacia arriba jugando el esférico con sentido y rapidez. Triangulando, al primer toque. Las ganas. El único consuelo era que se llegaba al intermedio sin haber encajado ningún gol. Algo es algo, debieron pensar los de Emery.

En la reanudación, Osasuna salió apretando, pero la gran oportunidad de gol la tuvo el Valencia. Cosas del fútbol. Mata empalmó sobre la marcha, con la pierna izquierda, y el cuerpo de Sergio desvió el balón a córner. De ahí, sólo dos minutos más tarde, al 1-0. Otra vez a balón parado. Lanzamiento desde la banda, falta de concentración y comunicación entre los valencianistas, y Miguel Flaño, un central, gana la espalda a todos y remata a placer.

Dio la sensación de que el gol espoleó al Valencia, que en los siguientes minutos pegó dos arreones, pareció salir de su letargo, de haberse soltado el corsé del primer acto. Villa dijo que era hora de hacer trabajar a Roberto y remató dos veces con peligro, aunque sin premio.

Emery había metido en liza a Morientes y a Vicente, en busca de remediar lo que se antojaba irremediable. El rumbo del partido no varió demasiado. El Valencia pasó a llevar el peso del juego, más por el premeditado retroceso osasunista que por poderío propio. Los locales se sentían cómodos cerrando espacios y, a base de mantener el orden, la disciplina, lograron su objetivo. Sólo Moretti pudo impedir el triunfo local, en el último suspiro, minuto 88, cuando remató con la cabeza una falta ejecutada por Fernandes. Roberto hizo la parada de la noche.

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