Marcelino, que lo domina todo, satisfecho con la respuesta de la plantilla a la exigencia

Marcelino.
Marcelino. / l. de la peña/vcf

El entrenador ejerce su mando y el cuerpo técnico espera que florezca de manera natural un líder en el vestuario

H. E. ÉVIAN-LES-BAINES.

El gesto traslada en muchas ocasiones más que un chaparrón de palabras. Hay entrenadores que cruzan los brazos y se convierten en seres pasivos en los entrenamientos. Meros testigos en una banda de campo abrigados bajo la visera de una gorra o en susurrante conversación con un segundo de turno. El paso lo marcan otros. Marcelino García Toral, en cambio, lo domina todo. No se da un paso en el primer equipo sin que cuente con la supervisión del primer entrenador. Los jugadores, cuando tienen una pregunta sin respuesta, van al técnico. El camino más corto para resolver dudas y evitar la teoría del teléfono roto.

El Valencia ha iniciado la temporada con el objetivo de llegar al 31 de agosto como un equipo. Un bloque. El hormigón que no ha tenido en las dos últimas temporadas, con cinco entrenadores -Voro en diferentes fases- en el banquillo. Un abanico de modelos y teorías que han sumido al equipo blanquinegro en el desconcierto.

El fichaje de Marcelino, al margen del jugo deportivo que le puede exprimir al equipo, se cerró como modelo de conducta. Ante la falta total de liderazgo en una plantilla en la que el brazalete de capitán fue un producto tombolero, el arrastre se va a ejecutar desde el banquillo. No hay pica que se clave en el césped que no tenga la rúbrica de un entrenador exigente ingrediente fundamental en su trabajo.

A partir de ahí se darán los siguientes pasos. El primero, que el Valencia sea un equipo. Un deseo obsesivo y la base para que todo el plan funcione. Las anarquías serán sancionadas con el destierro. Los jugadores están obligados a cumplir el plan táctico de un cuerpo técnico machacón con la rutina. Marcelino tiene una capacidad de liderazgo evidente y por ahora el buen síntoma es que no ha habido una queja en el grupo. Es cierto que se huele el respeto al nuevo técnico por las leyendas previas. La mayoría de la plantilla habrá pedido informes a excompañeros de los nuevos métodos de trabajo.

El equipo no se podrá construir sin la prolongación de un líder en el vestuario, uno de los déficit más llamativos que ha tenido un Valencia deslabazado por la realidad deportiva. Hay veteranos en el equipo y jugadores que ya han trabajado con el cuerpo técnico. Ahora mismo, el intermediario entre la plantilla y el cuerpo técnico es Dani Parejo, uno de los últimos capitanes del equipo. Parejo opta al brazalete y otros como Ezequiel Garay también puede sentirse importante en este rol. El argentino, en cierta medida, vino también para eso.

En el concepto de equipo la labor del cuerpo técnico es fundamental, pero desde el banquillo se asume que la voluntad individual de cada futbolista será clave para que el plan funcione. La respuesta dada por la plantilla es de satisfacción total para el cuerpo técnico, contento de que se dibujen ya los conceptos.

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