Canal del Valencia

En el verano de 1953, el Valencia invitó al Torino para rendir homenaje al mítico Antonio Puchades. En el equipo italiano jugaba un holandés llamado Servaas Wilkes. El tulipán deslumbró de tal manera a la afición de Mestalla que fue despedido con pañuelos. Esa misma noche, el presidente Luis Casanova le ofreció un contrato y Faas Wilkes se convirtió en el primer extranjero del Valencia. Poco después se convirtió en un valenciano de adopción, ya que jugó en Mestalla durante las campañas 1953-54, 1954-55 y 1955-56, y posteriormente en el Levante UD en 1959, tras un paso intermedio por su país.
“Yo vi jugar a Pelé, a Di Stéfano y a Kubala, pero lo de Wilkes era otra cosa: elegancia, reprise, imaginación, cambio de ritmo...” Así veía Luis Casanova al internacional holandés, a pesar de que había llegado a Valencia a punto de cumplir los 30 años, tras haber jugado cuatro temporadas en el Inter de Milán (1949-1952), donde se convirtió en estrella del club lombardo. Los aficionados neriazzurro le apodaban “el holandés volante”.
Faas fue 38 veces internacional con la selección holandesa, en la que marcó 35 goles, algo que sólo han superado Van Basten, Van Nistelroy, Kluivert y Bergkamp, aunque su porcentaje de efectividad fue superior al de todos. Era un mago del balón y, sin embargo, no era un gran goleador. Si hibiera tenido olfato, habría superado a todos.
Durante algún tiempo se aseguró que el Gran Mestalla fue construido gracias al reclamo de Wilkes y Puchades y, de hecho, la pregunta que más circulaba por Mestalla durante esta época dorada era un gracioso: ¿Qué “fas”, Faas?
Pese a que su altura (1.90) y su semblante le daban un aspecto de enorme seriedad, en privado Wilkes era tipo muy divertido. Protagonizó varias travesuras junto al desaparecido Buqué. Una memorable sucedió en Vigo, después de un partido de Liga. Un joven periodista se acercó al catalán Buqué para preguntarle si Faas era una persona accesible para ser entrevistado y este le respondió que sí. Pero le mintió al decirle que no entendía el castellano, ofreciéndose como improvisado traductor. Wilkes escuchó toda la conversación y siguió la broma, consciente de que Buqué no sabía lo más mínimo de holandés.
“Is gut jat ten kramp” fueron las palabras que inventó Buqué para trasladar las preguntas del informador, y luego tradujo la respuesta de Faas echando mano de los habituales tópicos.
Al acabar el grotesco diálogo, el periodista se fue satisfecho y Wilkes espetó algo así como “no he estado nada mal con lo que he dicho del partido”.
Wilkes murió en su Rotterdam natal. Tenía 82 años y fue el primer extranjero que fichó el Valencia: Luego dejío su sello en Vallejo, y tanto valencianistas como granotas volvieron a disfrutar con el holandés volante.


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