Mil kilómetros no es una barrera para ver al Valencia

Ramón Pedrosa, con la camiseta de Gayà, durante el encuentro del Valencia en Lausana.
Ramón Pedrosa, con la camiseta de Gayà, durante el encuentro del Valencia en Lausana. / lp

Con la camiseta de Gayà y el '31' a la espalda, este seguidor con movilidad reducida se enganchó al equipo blanquinegro por Mendieta y 'Piojo' López Ramón Pedrosa se desplaza desde Bremen a la pretemporada

HÉCTOR ESTEBAN ÉVIAN-LES-BAINS.

Ramón Pedrosa es un entusiasta seguidor del Valencia. Tiene 36 años y es de Bremen. En total, 960 kilómetros de distancia entre los dos puntos. Ramón tiene una movilidad muy reducida. Se apoya en dos andadores, con patas en forma de araña para desplazarse. Pero su Valencia es motivo suficiente para recorrer Europa si tiene una posibilidad de ver a su equipo. Llegó al Olímpico de Lausana con su camiseta naranja de Gayà. Con el '31' a la espalda, el que lucía el canterano antes de ser jugador del primer equipo. En la cintura, atada una Senyera. «Conocí a Gayà en Valencia, en uno de los partidos que fui a Mestalla», señala orgulloso.

Para él llegar desde Bremen es un paseo. Ni una pizca de agotamiento pese a los mil kilómetros de distancia entre la ciudad alemana, localizada al norte del país, y la orilla del lago Lemán. «Vengo en el tren de alta velocidad. Es silencioso. En unas horas estoy aquí y, de verdad, vale la pena», apunta Ramón, que ha recorrido varios puntos de Europa para seguir a su equipo. «Voy con miembros de la peña Rainer Bonhof», apunta. Hace dos temporadas estuvo en Viena para seguir al Valencia frente al Rapid. Tuvo la suerte de vivir el mejor partido del Valencia en la era Neville con un 0-4 frente a la áspera afición austriaca.

Ayer, apoyado sobre sus dos muletas, subió la escalera que le llevó a la tribuna principal del estadio del Lausana. Quedó satisfecho con la manita que le endosó el Valencia al equipo de Celestini. Confía en el proyecto de Marcelino. «Yo creo que es un entrenador que va a dar con la tecla para cambiar al Valencia. La clave es encajar menos goles como el técnico dice y yo comparto totalmente esa filosofía», señala. En el antebrazo lleva tatuado el nombre del Valencia C. F y se sube la manga de la camiseta de Gayà para mostrar el escudo que lleva dibujado en el hombro. Lo hace orgulloso.

Ramón no es valenciano. Ni tampoco tiene raíces que le aten. «Mi padre es de Santander», señala. La semilla de su fidelidad al club de Mestalla está en aquella época en la se gestó uno de los grandes Valencia de la historia. Y pone nombres propios en la conversación. «Yo me aficioné al Valencia por el 'Piojo' López, por Mendieta», afirma. Otros tiempos. Hoy en el club no hay estandartes que recuerden a aquella época, pero hay mimbres que invitan a la esperanza. «Yo soy del Valencia por aquella época finales de los noventa y principios de siglo. Y aquí sigo, fiel, y no voy a parar de seguir a mi equipo por donde vaya y pueda ir. La cantera es fundamental y siente los colores», señala Ramón, que se agarra convencido a las figuras emergentes de Carlos Soler y Toni Lato.

Ramón se quedó en Lausana. No sólo de fútbol vive el hombre y aprovecha estos días para hacer turismo por las orillas del lago Lemán con la estampa de los Alpes al fondo. Hoy también estará en Martigny, en el partido que los de Marcelino disputarán ante el Sporting de Portugal de Jeremy Mathieu.

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