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Valencia CF | Honor al Mestalla pese al palo final

Nacho Vidal, uno de los jugadores más activos del filial, conduce el balón ante un jugador del Albacete
Nacho Vidal, uno de los jugadores más activos del filial, conduce el balón ante un jugador del Albacete / VCF

El filial lucha hasta el último momento pero se queda sin remontada y un único gol le impide el ascenso a Segunda

TONI CALEROAlbacete

Después de cuarenta y cuatro partidos y casi diez meses de competición, el Mestalla se quedó a un sólo gol de Segunda. Lo rozó, incluso mereció hacerlo. Siempre quedará el vuelo de Tomeu Nadal para arruinar el cabezazo de Rafa Mir o el disparo del delantero que el portero detuvo cuando la afición del Valencia levantaba los puños en el Carlos Belmonte. En Albacete se quedó el sueño de plata de un filial inmenso, capaz de levantarse de mil y un golpes a lo largo del año; guerrillero para bloquear el talento del Celta B y el peso histórico del Murcia en las eliminatorias por el ascenso. Ayer mereció más porque suyo fue el fútbol y las grandes ocasiones, pero el grupo dirigido por Curro Torres seguirá un año más en Segunda B, donde se ha ganado de sobra el respeto a base de creer en sí mismo.

Lo hizo ayer, ante un rival duro y arropado por su estadio, y también al inicio del curso, cuando costó arrancar y ponerse a la altura de los 'cocos' del grupo. Curro Torres fue forjando un equipo con raza, apuntalado con algunos veteranos y solidario cuando alguno de sus hombres fuertes, como Carlos Soler o Lato, iban subiendo y bajando conforme a las necesidades del primer equipo. A todo ello se fue sobreponiendo el filial, orgullo de la afición del Valencia, para plantarse en la final por el ascenso. Le tocó en suerte un Albacete sin complejos para regalar el balón y jugar siempre con una mentalidad ultradefensiva. Fue así en la ida y también en la vuelta, donde se pasó cuarenta y cinco minutos pidiendo el tiempo, perdiéndolo también, mientras el Mestalla perseguía el error del rival para forzar la prórroga y alcanzar una meta que se le resiste desde hace 46 años.

El duelo de ida dejó una certera conclusión para Curro Torres: contra la férrea actitud del Albacete era necesario apostar por algo diferente. Se estrellaron los delanteros del Mestalla en casa y para la vuelta, el técnico dio un giro de 180 grados. Tres posiciones, otros tantos cambios. La baja de Nacho Gil fue cubierta por Cifu, en el perfil derecho se cayó Alberto Gil para hacer sitio a Aridai y como ariete saltó Jordi Sánchez por Rafa Mir, suplente sorpresa. Buscaba Curro intimidar a los dos centrales del Albacete a través del balón aéreo y las segundas jugadas, pero pinchó en hueso. La única clara de Sánchez vino de jugada, cuando aprovechó el balón al espacio de Javi Jiménez para soltar el latigazo a los guantes de Tomeu Nadal.

En ese primer acto llegaría la acción más polémica de la final: un claro penalti de Arroyo sobre Aridai que el colegiado no señaló. Minutos antes Eloy Gila, mediapunta del conjunto manchego, hizo una dura entrada que José Antonio López Taco pasó por alto. Luego fue cargándose de amarillas el Mestalla hasta ver cómo Jordi Sánchez se marchaba expulsado en la recta final del choque. Las interrupciones del Albacete llegaron a desesperar al filial, que encontró en las botas de Fran Villalba el caudal de juego necesario para que el rival se echara a temblar.

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El del Cabanyal lo hizo todo bien. Desde el principio. Su aparición rompió el rocoso tridente en el centro del campo del Mestalla y el Albacete no pudo contrarrestar las nuevas ideas. Con Villalba jugó el Mestalla sus mejores minutos y de ahí nacieron ocasiones clamorosas. Curro había dado entrada a Rafa Mir para que compartiera con Sánchez la punta de ataque. Dos delanteros corpulentos, a priori doble ración de veneno. Villalba puso un balón preciso desde la derecha y Mir cabeceó a los guantes de Nadal. Al poco cruzó en exceso el disparo Aridai. Y en plena avalancha, a Mir le cayó un rechace en el área pequeña que tampoco aprovechó. El Mestalla era víctima de su escasez de puntería en los metros finales. Un martirio a lo largo de toda la eliminatoria.

El partido estaba tan caliente que incluso vivió un final que no lo fue, con gente saltando al césped cuando aún quedaba fútbol. Ya no quedó para nada más. Sigue el Mestalla siendo de bronce aunque su ambición mereciera la Segunda.

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