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Canal del Valencia

Historia del Valencia C.F.

El Valencia gana su séptima Copa del Rey
2008

El Valencia gana su séptima Copa del Rey

El Valencia logró su séptima Copa del Rey tras batir por 3-1 a un Getafe que pagó caro el despiste con el que entró en el Vicente Calderón y que se transformó en dos goles casi consecutivos (Mata y Alexis) que ya no pudo remontar. La afición valencianista vibró con un merecido triunfo con el que el equipo logra salvar una temporada aciaga en la Liga, aunque pese a la alegría se pidió la marcha de Koeman.

El rey de la Copa
El Valencia se alza majestuoso con su séptimo título ante una afición entregada que acaba el partido pidiendo el adiós de Koeman

30 de junio de 1979. Rubén Baraja Vegas se pasea en pantalón corto por Valladolid. Mirada de niño. A sus cuatro años el balón de fútbol ya ronda en su cabeza. A 193 kilómetros, un argentino, melena al viento, dignifica el fútbol. Mario Alberto Kempes se convierte ese mismo día en el tótem del valencianismo con los dos goles que dan la quinta Copa del Rey al conjunto de Mestalla. Ocurre en el Vicente Calderón. Escenario fetiche. El mítico Carrete alza el trofeo que le ofrece Juan Carlos I. Estas mismas manos son las que permiten un 16 de abril de 2008 a Baraja convertirse en otro futbolista. También a orillas del Manzanares. El vallisoletano ya no será el mismo. Ha conseguido alzar la séptima Copa del Rey para el Valencia. Los seguidores lo merecían.
El equipo inició el choque con doce jugadores sobre el campo, once con pantalón corto y el otro con corazón, alma y sentimiento blanquinegro. La afición alzó majestuoso a Mata para que de cabeza abriera el marcador. Cuatro minutos disputados y el nuevo Mata d"Or, el alumno aventajado del grandísimo Mario Kempes, daba la primer alegría de la noche para el valencianismo.
El conjunto de Ronald Koeman jerarquizaba el choque. Marchena, imperial, mandaba sobre todos, valencianistas y getafenses. Los madrileños, timoratos, no sabían cómo sacudirse el aluvión que les venía encima. Había que aprovecharlo, abusar incluso. Villa lo intentó primero y lo consumó Alexis, un ex del equipo azulón. Otra vez Mestalla "perdón, el Vicente Calderón" cabeceaba a la vez que el central. Grandioso. El Valencia tenía ya el partido donde quería. Arrollaba sin remisión a un equipo que parecía miedoso y aturdido.
Pero los jugadores del Getafe son alumnos aplicados. Aprenden en cada clase. Una magistral le dio el Bayern Múnich. Nadie está muerto hasta que el árbitro lo certifica con el pitido final. Había mucho tiempo. Y faltaba que Granero y De la Red aparecieran. Lo hicieron. Empezaron a tocar el balón. De aquí para allá. Carecían de profundidad pero ya comenzaban a molestar. El Valencia, entre tanto, se atrincheraba atrás, bien posicionado, con el inmenso Marchena de comandante en jefe.
Una de las tácticas empleadas en el campo de batalla es el contragolpe. Te espero aquí y cuando te descuides, allá que voy. Los blanquinegros así dispusieron su juego. El Getafe mandaba, pero el Valencia tenía preparada a su vanguardia para rematar la faena. Pero la estrategia se aguó. Los madrileños tenían bien controlada la maniobra y cubrieron todos los flancos. No sólo eso sino que contaron con un chivato que les facilitó la vida.
Ya apurando el final del primer tiempo, Moretti derribó a Contra en una acción que el árbitro encontró simulada, aunque la insistencia de los jugadores getafenses hacia el juez auxiliar hizo que tomara para sí el protagonismo y al final el penalti se señaló. Granero anotó.
Era una puñalada en la yugular valencianista pero no derramó ni una gota de sangre. El equipo seguía enchufado y en los primeros instantes quiso probar si el auxiliar mantenía el mismo rasero en un agarrón a Villa. No fue así. Olía a tufillo la cosa. Ni así se desanimó mientras el asturiano tomaba el papel de actor principal. En una primera acción erró solo y en la segunda ocasión, en la jugada del partido, tras un regate superlativo de Marchena y un centro perfecto de Mata, Villa recortó al defensa pero desvío Ustari.
Había que apuntillar, era el momento idóneo. No lo hizo y, además, permitió que el Getafe volviera a adentrarse en la función. Otra vez con Granero y De la Red mandando. El Pirata, magia pura, lanzó un balón al larguero y su compañero dispuso de un cabezazo facilito. Además, Albiol y Moretti caían como héroes en el campo de batalla. Koeman reorganizaba a su gente y devolvía a Marchena al centro de la defensa y mandaba a Caneira al lateral izquierdo. Faltaba Joaquín pero el técnico prefirió a Morientes. Acertó de lleno. La verdad es que sus predicciones en la previa del partido se cumplieron. El Valencia aprovechó su veteranía, el Getafe estaba físicamente fundido y el club de Mestalla tiene más nombre. Por supuesto.
Aún tuvo que sufrir un poquito. Con un cabezazo de Braulio que sacó Hildebrand con una mano milagrosa. Era el preludio de la conmoción general. Llegó con un cabezazo de Morientes cuando el partido expiraba. Ya estaba todo hecho. El Valencia se convertía en el siete de copas. Agrandaba su historia. Pero faltaba una cosa, inesperada, y es que el público, siempre sabio, acabó pidiendo la marcha de Koeman. ¡Campeones, campeones!

La Copa agridulce aterriza en Valencia

El trofeo llega casi de puntillas, envuelto en rostros serios y ante apenas un centenar de aficionados

La séptima Copa se ha convertido en uno de los trofeos más agridulces de la historia del Valencia. Si en la madrugada de ayer miles de aficionados colapsaron las calles de la ciudad adornándolas con bufandas y banderas, poniéndoles sonido con cánticos y tracas, horas después tan sólo un centenar de seguidores se acercaron a Manises para recibir a los campeones. No es que la ilusión se evaporara. Ellos tan sólo atendieron a la decisión de la entidad de dejar a un lado las celebraciones ante la delicada situación que el Valencia está atravesando en Liga.
Ayer la séptima pisó la que será su casa durante todo un año. Al filo del mediodía aterrizaba en el aeropuerto de Manises el avión que portaba a los flamantes campeones y el preciado trofeo.
Ronald Koeman, algo despistado, fue el primero en descender del avión, seguido de su cuerpo técnico. Iba tan pendiente del móvil que hasta un miembro de la seguridad del aeropuerto tuvo que indicarle el camino. Probablemente esperaba noticias sobre su futuro. Tras él aparecieron Hedwidges Maduro, Juan Luis Mora y uno de los grandes protagonistas de la final, Juanma Mata. Rubén Baraja, capitán del equipo, pisó en último lugar el suelo de Valencia con el trofeo en su poder. Una vez en tierra le ayudó el veterano utillero Bernardo España, Españeta "a quien Koeman prestó su corbata, ya que la había perdido durante la noche" para transportar el título hasta el autobús.
Las caras de los jugadores no parecían propias de una plantilla que se acaba de proclamar campeona de la Copa del Rey. Una vez celebrado el éxito en la intimidad de la plantilla, los jugadores tienen la cabeza puesta en el futuro más inmediato: la Liga. Su mala trayectoria durante esta temporada en la competición regular les ha impedido disfrutar al 100% de la consecución de este título. La locura que desató en los aficionados del Valencia no tuvo las mismas consecuencias ni en los jugadores ni en los dirigentes.
A pocos metros de la pista de aterrizaje, en la terminal del aeropuerto de Manises, un centenar de aficionados esperaban al equipo campeón. Las caras de estos seguidores contrastaban con las de sus ídolos. Ellos sí querían celebrar la consecución de la séptima Copa del Rey. Pudieron entonar, cuatro años después, el We are the champions. La afición sabía que el equipo no iba a hacer el tradicional recorrido por la ciudad. Algunos seguidores lo comprendían, pero a otros les costaba entender cómo no salen a la calle tras conseguir un título que les ha costado mucho trabajo ganar.
Paqui, una seguidora valencianista, vecina de Silla, había acudido al aeropuerto en compañía de sus hijos. El más pequeño, de seis años, sentía una tremenda desilusión porque no iba a poder ver a sus ídolos. "Estamos de acuerdo en que tienen que centrarse en la Liga, pero los títulos tienen que celebrarse, sobre todo porque es lo único que nos motiva para asistir a Mestalla cada semana", declaraba esta aficionada entre gritos de "sí, sí, sí, la Copa ya está aquí" o "campeones, campeones".
Pablo, de Valencia, interrumpió a la seguidora de Silla. "Yo ya sabía que no iba a haber celebraciones, pero hemos venido aquí para que sepan que estamos a su lado. Y, así, darles todo nuestro apoyo para este tramo final de la temporada", decía lleno de emoción.
Por el contrario, María, una estudiante de Zaragoza afincada en la capital del Turia y valencianista de corazón, también estaba desencantada con la decisión del club de tomar el autobús nada más bajar del avión: "Me hubiera hecho ilusión ver la Copa de cerca y poderla tocar. Espero que si todo va bien paseen el título por la ciudad, aunque sea en junio." Una opinión que apoyó un gran número de aficionados. "Lo que no puede ser es que seamos campeones de la Copa, podamos ganar la Supercopa de España, estemos clasificados para la UEFA y a la vez estemos en Segunda División", replicaba otro aficionado.
Los seguidores corrieron detrás del autobús en el momento en que este salía de la pista, coreando el nombre de los campeones, entonando diversas canciones, entre ellas el ya tradicional "Koeman, vete ya". No todo fueron críticas para el técnico holandés, pues también se pudo escuchar algunas palabras de agradecimiento hacia él.
Cuando los aficionados valencianistas ya creían que los campeones se iban a marchar a Paterna, la situación dio un giro inesperado. En agradecimiento a los seguidores que se habían desplazado hasta Manises, el autobús dio una vuelta a la rotonda de salida de la pista de aterrizaje para que los seguidores saludasen a los integrantes de la expedición valencianista. Un gesto que la gente agradeció con aplausos y cánticos de euforia.

La celebración de la Copa del Rey acaba en bronca
Las celebraciones por el título de la Copa del Rey del Valencia acabaron en bronca por parte del millar de aficionados congregados ante la fachada del Ayuntamiento de la ciudad, tras la negativa de la plantilla a salir al balcón consistorial a saludar a los seguidores allí presentes.
La visita al Ayuntamiento era la última parada de los festejos previstos por la Copa del Rey conquistada el pasado 16 de abril en Madrid y que se había aplazado hasta que el Valencia hubiese certificado la permanencia en la Liga.
A pesar de que la alcaldesa, Rita Barberá, lo solicitó hasta en cuatro ocasiones, la negativa por parte de la comitiva a salir al balcón derivó en una sonora protesta de los seguidores allí congregados.
"Quiero pediros un favor, que salgáis al balcón para mostrar la Copa a la afición. Ellos mueren por vosotros, sufren por vosotros, porque movéis sentimiento", dijo Barberá en su alocución, y aunque volvió a insistir con posterioridad, la comitiva rehusó atender a su petición.
"Jugadores mercenarios", "Menos millones y más cojones" y "No tenéis huevos" fueron algunos de los cánticos más repetidos durante quince minutos por los seguidores, que se acentuaron cuando la plantilla y el consejo de administración abandonaron por la puerta principal el edificio para dirigirse al autobús.
Antes de esta visita al Ayuntamiento, y con diez minutos de retraso sobre el horario previsto, la plantilla del Valencia , encabezada por el consejo de administración y con las ausencia de Santi Cañizares, David Albelda y Miguel Ángel Angulo, llegó a la plaza de la Virgen, donde cerca de 300 personas formaban un pasillo que conducía a las puertas de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, patrona de la ciudad.
Los capitanes Rubén Baraja y Carlos Marchena portaban la Copa del Rey y pudieron escuchar algunos gritos de "campeones, campeones" de los escasos aficionados que acudieron a la plaza identificados con banderas y camisetas del equipo.
Dentro del templo, el obispo auxiliar de Valencia, Salvador Giménez, recibió al campeón del Copa del Rey, cuyos capitanes subieron el trofeo al altar mayor.


 

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