Fútbol | Valencia Mestalla

Valencia CF | Una grada entregada al pundonor del filial

Curro Torres y los jugadores recibieron al final el cariño de la afición valencianista
Curro Torres y los jugadores recibieron al final el cariño de la afición valencianista / VCF

El equipo de Curro Torres se queda a las puertas de Segunda en un partido en el que los seguidores de ambos equipos terminan dándose una ovación | Más de 1.200 aficionados acompañan al Mestalla en Albacete

LOURDES MARTÍ ALBACETE

Desde dentro del autobús oficial del Valencia Mestalla, Curro Torres daba golpes al cristal. El entrenador del filial blanquinegro respondía así al recibimiento de los más de 1.200 aficionados que esperaban al equipo a su llegada al Carlos Belmonte. Faltaba un hora y media para la final. Unos 180 minutos más tarde, los golpes se volvían a repetir. Esta vez llegaban desde la grada como lamento. El Valencia Mestalla se había quedado a un paso de Segunda, la categoría de plata. Pero con una actitud y una afición de primera.

Mientras el mismo Curro Torres mostraba su orgullo por el trabajo de sus chicos, los mismos futbolistas que horas antes observaban desde sus asientos en el autobús un recibimiento que nunca podrán olvidar, ahora lloraban desconsolados. Lo que no había cambiado era el respaldo de una afición que desde que el filial del Valencia se clasificó para los play-off, les ha acompañado tanto en Mestalla como en los choques ante Celta B, Murcia y ayer en Albacete. Más de un millar de personas. Había que remontarse a 2014 para recordar un desplazamiento tan masivo de la afición blanquinegra y fue para apoyar al primer equipo.

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Ejemplar fue el comportamiento de ambas aficiones. Al terminar un encuentro, los locales, tras la habitual invasión de campo, se desplazaron hasta la esquina donde se encontraba la grada visitante y les ovacionaron. Unos aplausos que éstos respondieron del mismo modo. En una instantánea preciosa.

No se pudo, pero el filial del Valencia transmitió ilusión hasta el último momento. Casi rozando el pitido final. A falta de 20 minutos para concluir el partido, Rafa Mir a punto estuvo de empatar la eliminatoria ante la locura de los seguidores blanquinegros que desde su esquina cantaban aquello de «Sí se puede» mientras se lamentaban continuamente de las decisiones arbitrales. El Albacete aguantaba con el respaldo de un estadio que hacía tiempo que no registraba una entrada como la de ayer.

Durante las horas previas al choque de ayer, la ciudad manchega vivió una jornada de auténtica final. Las elásticas del Valencia iban apareciendo a cuentagotas. A mediodía los aficionados blanquinegros más madrugadores paseaban en pequeños grupos. En la plaza donde se encuentra la Casa Consistorial, justo donde se alojaba el equipo local, los aficionados ataviados con camisetas del Valencia, algunas de las nuevas, se lanzaban miradas cómplices. En territorio rival, los blanquinegros se encontraban casi como en casa gracias también a la gran acogida de la ciudad. A medida que se acercaba la hora del partido, ambas aficiones se juntaban en los bares ubicados en los aledaños del Carlos Belmonte para hacer tiempo y tomar un refrigerio. Tres horas antes del encuentro los termómetros marcaban 34 grados, que en el encuentro bajaron hasta los 26. Lo que no bajó fue la calidez de unos aficionados desplazados que este año han encontrado en el filal blanquinegro, y también en el femenino, la ilusión y la pasión por el fútbol que faltó con el primer equipo.

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