La fiebre extinguida de los torneos veraniegos

PACO LLORET

Cuando agosto era el mes de preparación para una Liga que arrancaba en septiembre no hubo ciudad importante sin torneo de fútbol en verano. Todas las costas del país sucumbieron a la moda: Costa del Sol, Costa Verde, Costa de Valencia, Costa Daurada, etc. La fiebre se extendió desde finales de los años sesenta por toda la geografía. El Valencia fue uno de los equipos más cotizados en aquella época y se convirtió en invitado habitual a muchos de ellos. En el verano del 70 se adjudicó la primera edición del Ciudad de La Línea al imponerse en la final al Sevilla por 2-0. El cartel lo completaban el San Lorenzo de Almagro y el Anderletch, a quienes los de Mestalla también batieron por idéntico marcador en la semifinal. La final se ofreció en directo por la única televisión existente. Pocos días después, se estrenó otro torneo: el Costa Brava, coincidiendo con la inauguración del estadio Montilivi de Girona, y el conjunto de Di Stéfano cayó en la final de consolación contra el Espanyol después de haber perdido por penaltis ante el San Lorenzo.

Aquel verano de 1970 el Valencia, bajo la batuta de Alfredo di Stéfano, recién llegado al banquillo, se armaba para proclamarse campeón de Liga y finalista de Copa ante la incredulidad de propios y extraños, mientras en las emisoras de radio se puso de moda 'Un rayo de sol', tema musical de Los Diablos. Fue la canción de verano. Para cerrar la pretemporada, el Valencia disputó un tercer trofeo, el suyo propio. En realidad, lo recuperó. El Naranja volvió a escena tras un lustro de paréntesis. En 1959 se jugó la primera edición en un formato novedoso para la época y diferente a los demás existentes: liguilla triangular. El Inter de Milán y el Santos con Pelé en sus filas completaron un cartel de lujo. El campo de Mestalla se quedó pequeño en aquellas noches de junio con la iluminación artificial recién estrenada. Esa fue otra novedad, puesto que el trofeo se celebraba como colofón de la temporada y no como preparación para la siguiente.

Aquel torneo veraniego reparó la decepción producida en la afición valencianista por perder con el Granada el partido de desempate de las semifinales coperas celebrado en el Bernabéu como campo neutral. La presencia de Pelé, con 19 años, después de haber ganado con la selección brasileña el Mundial de Suecia, despertó una enorme expectación. El Santos se llevó el torneo por mejor diferencia de goles con el Valencia mientras el inter volvió a Milán con dos derrotas. El torneo siguió jugándose hasta 1964 cuando se celebró la última edición en su primera etapa ganada por el Flamengo, otro histórico club brasileño, que se impuso a los locales y al Nacional de Montevídeo. El Trofeo Naranja se seguía jugando en junio, ese año coincidiendo con la Eurocopa organizada y ganada por España con el inolvidable gol de Marcelino, y esa circunstancia que entorpecía el calendario competitivo fue determinante puesto que el Valencia alcanzó por esas mismas fechas durante tres temporadas consecutivas las semifinales de la Copa y también las de la Copa de Ferias; mientras en el torneo doméstico cayó eliminado, en el continental alcanzó siempre la final.

Lo cierto es que los responsables de la entidad decidieron prescindir de la organización del Naranja al tener una intensa actividad internacional de carácter oficial. En aquella época dominaban el panorama dos trofeos estivales: el más antiguo era el Teresa Herrera en La Coruña, pero el de mayor impacto era el Carranza de Cádiz, que siempre se televisaba y reunía equipos de enorme potencial. El Valencia lo conquistó en 1967 al imponerse en la final al Real Madrid tras haber superado antes al potente Peñarol de Montevídeo, por entonces campeón del mundo, una escuadra de reconocido prestigio. Aquel éxito se celebró como si se hubiera conquistado un título. De hecho la enorme copa ganada en Cádiz se exhibió sobre el césped de Mestalla en el primer partido liguero del siguiente ejercicio. Aquellos trofeos estivales se organizaban con mucho respeto protocolario y los equipos competían sin reservas.

La recuperación del Naranja fue otra de las grandes aportaciones de Vicente Peris, nombrado gerente del Valencia unos meses antes. Viendo como proliferaba la organización de torneos se decidió volver a organizar uno en Mestalla bajo la nueva denominación de Valencia-Naranja y trasladándolo a finales de agosto. La idea funcionó y la primera edición resultó un éxito incontestable. El Partizán de Belgrado y el Independiente de Avellaneda fueron los rivales. La final contra los argentinos se disputó en un campo con el billetaje agotado en las taquillas. El choque finalizó sin goles por lo que se procedió al lanzamiento de penaltis para resolver el vencedor. Se trata de la primera tanda de penaltis escenificada en el campo de Mestalla. Los valencianistas marcaron los cinco y alzaron el trofeo. Al verano siguiente no hubo trofeo Naranja en Mestalla debido a que el Valencia fue contratado para jugar el Carranza y el Colombino, además de disputar la previa de la Copa de Europa. En el verano del 72 se volvió a organizar con el Bayern de Munich y el Feyenoord de Rotterdam como invitados. Probablemente, la mejor de la historia.

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