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Valencia CF | Arias: «Entré asustado por primera vez al vestuario del Valencia. No me atrevía a decir: oiga, perdone, ¿le molesto si me siento aquí?»

Arias, con su foto en la fachada de Mestalla que lo recuerda como leyenda del Valencia.
Arias, con su foto en la fachada de Mestalla que lo recuerda como leyenda del Valencia. / Jesús Signes

Hace 25 años Mestalla homenajeó a Ricardo Arias, un icono del valencianismo; la fidelidad al club forma parte de su vida

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Ricardo Penella Arias (Catarroja, 25 de febrero de 1957). Hoy se cumplen 25 años del homenaje que Mestalla brindó al líbero por excelencia. «Ni me acordaba. Sólo tengo memoria para el cumpleaños de mis hijos, de lo que más orgulloso estoy en mi vida», apunta. Detrás de esa imagen dura hay un tipo noble. Convirtió el riesgo en arte. En 16 temporadas -de la 76/77 a la 91/92- vistió 616 veces la camiseta del Valencia.

-¿Qué tal fue la comida para recordar el ascenso de 1987?

-Nos reímos mucho. Arroyo estaba muy gracioso, y Paredes, el profe que llegó con Di Stéfano, también.

-¿Cómo era Di Stéfano?

-Con Di Stéfano no me tenía que sonar el despertador para levantarme. Disfrutaba. Era peculiar. La primera vez que lo tuve yo era joven. Después, en el 86, ya era el capitán. El vínculo llegó a ser personal.

-Usted llega desde el Benimar.

-Con 18 años. El director del Benimar era don Elías (Llagaria), que además era el capellán del Valencia. El vínculo era directo. Sabía que Mestre me seguía. El Valencia fichó a nueve de los once titulares de aquel Benimar. Mestre me quería para el Mestalla, el que dijo que yo valía. Estuve una temporada en el filial, me fui a Marines a hacer la mili y cuando juré bandera Pasieguito llamó a mi casa. Juré un viernes y el lunes me tenía que presentar en Paterna ante Heriberto Herrera. Pasiego entendía lo que necesitaba el club.

-¿Cómo llegó a aquel vestuario?

-Asustado. Llegar a un vestuario donde se había firmado a Kempes, estaban Diarte, Castellanos, Carrete... Quedaban Rep, Saura y de la vieja guardia Valdez, Jesús Martínez, Barrachina y Claramunt, que era mi ídolo. Miraba las perchas y no veía ninguna vacía. Me decía: ¿dónde me siento? No me atrevía a decirle a ninguno: «oiga perdone, ¿le molesto si me siento aquí?».

-¿Les hablaba de usted?

-Siempre a los más mayores.

-¿Quién le acogió?

-Primero los valencianos. Cordero, Cerveró, Saura, Sebastià, Balaguer... Me cobijaron pese a que yo jugaba en el puesto de alguno.

-Entra pronto en el equipo.

-A Heriberto Herrera parece que le entré por el ojo. Yo tenía buena presencia, me faltaba curtirme. En dos meses el que quiere, aprende. Si no le pegaba bien con la izquierda tenía a Kempes, a Valdez, me daban clases sin pagar. Entré poco a poco, en el centro del campo.

-¿Quién le coloca de líbero?

-Vino el Atlético de Luis Pereira y Levinha a Mestalla -8 de abril de 1979- y no teníamos ningún central. Pasiego me dice: «Usted, de líbero». Le dije: «míster, yo de líbero, no he jugado nunca...». Y me dice: «¿Usted qué problema tiene? Es rápido, va bien por arriba, le pega bien al balón, la saca... Convénzase de sus virtudes. Esté atento a sus tres defensas, cubra las espaldas y punto. Si la tiene, la juega». Me salió un partido espectacular. Ganamos 2-0 y a partir de ahí me quedé como líbero.

-Hoy no existe esa demarcación.

-Era un puesto muy complicado pero muy bonito. Si la tocabas era porque había peligro casi de gol.

-El clímax en Mestalla era un corte y salida de Arias.

-Tenía la sangre muy fría. Me gustaba ese tipo de juego. Yo era de movimientos explosivos. Siempre me la he jugado con el balón. Tenía mucha confianza, a veces excesiva.

-No me negará que estaba bien acompañado atrás.

-Jugué seis años impresionantes con Tendillo. Luego llegó Camarasa. He disfrutado. A Voro, Giner, me los crié yo. Carrete, Botubot, Cerveró...

-¿La fortaleza de aquel Valencia partía desde la defensa?

-Estaba muy definido el juego. De medio campo hacia delante le podíamos marcar cuatro a cualquiera. Atrás debíamos demostrar que no éramos la parte débil del equipo.

-Muchos centrales valencianos.

-Son hornadas. La filosofía de que el portero y los defensas sean de la casa funciona. Es lo más barato y lo más fácil de crear. Los de la casa no debemos ser meros acompañantes sino gente seria, que no se lesiona por una gastroenteritis. He sentido molestias pero nunca lo suficiente para decir: «no me ponga el domingo que no estoy para jugar».

-¿Cómo era aquel vestuario?

-Siempre había alguien que mantenía unidos a los valencianos y a los de fuera. Saura, luego yo. Una semana comíamos juntos asado y otra, paella.

-¿Su mejor recuerdo como profesional?

-El día que debuto aquí contra el Málaga en Copa. Ganamos 3-1. Y el primer título, la Copa de 1979, ganamos al Real Madrid 2-0. Nació mi hija Irene y yo jugando. Tenía 22 años. Me sentí la persona más realizada del mundo. Campeón y padre. No me dijeron nada hasta que terminó el partido. Mario y Felman también fueron padres esos días. Sus esposas tampoco vinieron a Madrid. La gente se fue a celebrar el triunfo y en el comedor del hotel nos quedamos con la Copa los tres, el chófer Cristóbal y Españeta.

-¿Y el peor?

-El descenso y el día de mi despedida. Quería seguir una temporada más. Firmó Belodedici. El primer año de Hiddink vi que no iba a seguir. No jugué los dos primeros partidos por sanción. Aquello me vino mal. Me pasé el año en el banco con Leonardo y Rommel. Podía ayudar desde el banquillo. Me negaron la posibilidad. El Valencia orientó un camino sin Arias y lo entendí.

-¿Le dolió?

-Sí. Me ofrecieron una cantidad de dinero o el homenaje. El Valencia me abrió Mestalla y el resto lo organicé yo. Vino el Barcelona porque al final no pudo el Real Madrid.

-¿Echó de menos al Valencia?

-Sí. He estado muchos años fuera del Valencia y se hace la vida muy difícil. Ni sabía ni estaba preparado para hacer otra cosa. Me molestaba estar cerca pero no en mi casa. Tengo 60 años y ven que puedo aportar. Mucha gente me ayudó, otros me dieron un portazo. La Asociación de Veteranos hace una gran labor. En la fachada de Mestalla estamos unos cuantos pero el campo es muy grande y caben más, gente que no está y que es más importante que yo.

-¿El once ideal de su Valencia?

-(resopla). De portero Sempere. Para el lateral derecho una mezcla de Carrete, Voro y Quique. De compañero de línea me quedo con Giner, Tendillo y Camarasa. A ver quién pasaba por allí. En el centro, hubo un jugador diferente a los demás, un tocado por Dios que era Solsona. Lo más comparable ahora a Messi, y Messi tiene un defecto, que con la derecha... es zurdo total. Solsona era una pasada. Increíble con las dos piernas, tenía mala leche. En una media con Bonhoff y delante Kempes. ¡Imagine! Pero también me quedo con el trabajo poco valorado de Castellanos o Bossio. Arriba, Saura, Arnesen. Subi y Fernando eran técnica depurada.

-¿Quién le marcó?

-Claramunt. Sentarme con él en un vestuario cuando era mi ídolo. Era el estandarte, el que tiraba de todos, el primero que jugaba, el que mejor jugaba y encima, si eras de los suyos, te defendía. Como Cerveró, gente especial, diferente. Los he visto llorar cuando hemos perdido. Ver a un valenciano con la camiseta del Valencia llorar en un vestuario es duro.

-¿Y Kempes?

-Mario desechó todas las ofertas porque era feliz aquí. Se sentía querido, admirado. Nosotros lo cuidábamos. Junto con Claramunt y Puchades, los más importantes. Si Mario llega a pillar a Claramunt con seis o siete años menos el Valencia hubiera ganado más ligas.

-¿Al bajar a Segunda le quiso fichar el Real Madrid?

-No, vino el Real Murcia.

-¿Para hacer la operación Tendillo?

-Primero estuvieron en mi casa, en Puzol. Contarlo no sirve de nada. Al Real Murcia o al Real Madrid les diría que no. Les dije: vengan el año que viene, yo al Valencia no puedo dejarlo en Segunda.

-¿Sentía la obligación de subir al equipo?

-Sí, fui uno de los culpables de que descendiera. Me sentía culpable de que mi equipo -lo remarca- estuviera en Segunda. Tenía que aportar para que mi equipo -remarca otra vez- volviera. Después, como si me vendían al Botafogo. Si me hubiera ido no habría soportado volver a Valencia y escuchar: te fuiste. Pasé muchas noches pensando en eso.

-¿El jugador más difícil de marcar?

- Alves, Rubio, Morete, Rubén Cano, Custodic, Santillana, Quini, Satrústegui... pero elijo a Cruyff. Lo marqué en su último partido con el Barcelona. Inventó un fútbol nuevo. En diez minutos ganaba un partido.

-¿A Arias le cerraron las puertas de la selección o se las cerró él?

-Hubo malos entendidos. Puedo tener una apariencia chula y déspota pero me han educado en el respeto hacia los que mandan. Nunca le planté cara a nadie en la selección. Dijeron que iba a mi bola, que desaparecía. Yo no salía del hotel. Acudí siempre que me llamaron. Se contaron mentiras. Tendillo y yo éramos la mejor pareja de centrales de Europa pero la moda eran los centrales vascos. Santamaría hizo un informe malo de mí y el tiempo demostró que no era cierto. Así me lo reconocieron después.

-¿Y esa mala fama?

-Por mi forma de caminar, hablar y jugar en el campo. Yo era muy chulo pero jamás en mi vida he discutido con nadie. Enfundarse la equipación del Valencia transforma.

-¿Le da buen pálpito el Valencia que se prepara?

-Deseo que sí. Confío en Marcelino, Mateo, Voro... por lo menos se va a intentar hacer las cosas bien. Los tres saben lo que necesita el Valencia: gente aguerrida, con hambre, inconformista. Lo que hay que recuperar es que ningún equipo quiera venir a Mestalla, que vean que aquí es muy complicado ganar.

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