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Valencia CF | Aquellos viajes de ida y vuelta a Albacete

Zubizarreta y Robert celebran la clasificación para la final de la Copa del Rey de 1995. / j. penalba

PACO LLORETValencia

Intensa, sorprendente y variada. Así ha sido la relación del valencianismo con el Albacete. La primera curiosidad llamativa se remonta a los años ochenta cuando el estadio Carlos Belmonte sustituyó a Mestalla en un par de encuentros al estar clausurado el feudo del Valencia. Por entonces la Federación imponía una distancia mínima de 100 kilómetros a la hora de elegir un escenario alternativo. Contra pronóstico, la directiva presidida por el doctor Tormo Alfonso eligió jugar en Albacete y no en Alicante o Elche como parecía, a priori, más probable el duelo de la Copa del Rey ante el Recreativo de Huelva que militaba en segunda división. Sucedió en la temporada 83-84. Unas semanas antes, el choque liguero entre el Valencia y el Barcelona dirigido por el colegiado Lamo Castillo acabó con victoria visitante por 2-4 y un escándalo mayúsculo. Los graves incidentes de orden público se trasladaron del interior del campo a los aledaños. Por primera vez en la historia, Mestalla fue castigado con el cierre.

El Valencia había vencido a los onubenses en el encuentro de ida celebrado en el viejo Colombino por 0-1 gracias a un gol en propia puerta del defensa Carmelo. Nadie sospechaba que la eliminatoria se le podría complicar al equipo de Paquito, pero en un ambiente irreal, en el frío exilio manchego, con algunos millares de aficionados desplazados desde Valencia dispersos en una grada muy alejada del terreno de juego y un público local que se puso al lado del más débil, estuvo a punto de saltar la sorpresa porque los andaluces se pusieron por delante en el marcador dos veces. La réplica valencianista neutralizó la ventaja con los goles de Tendillo y de Kempes que dejaron el resultado final en un ajustado empate a dos. Después de estar contra las cuerdas, se salvó la papeleta. Dos años después se volvió a repetir la historia. Un arbitraje lamentable del aragonés Pes Pérez en un Valencia-Sevilla que concluyó con la intervención de los antidisturbios motivó, de nuevo, la clausura de Mestalla.

Así que el duelo copero contra el CD Tenerife, otro conjunto que militaba en segunda y que en ese ejercicio 85-86 acabó perdiendo la categoría, se trasladó al Carlos Belmonte un par de semanas antes de navidad. La experiencia resultó todavía peor: menos público y más frío. Los canarios se llevaron el triunfo por la mínima, 0-1, y certificaron el pase de la eliminatoria en el partido de vuelta, jugado poco tiempo después, ante un Valencia desangelado. A principios de esa década, se había producido el primer contacto con el Belmonte gracias también a un emparejamiento copero. El equipo rutilante de la temporada 80-81, con Kempes y Morena en la delantera se midió al Albacete, por entonces conjunto de tercera. La primera novedad fue el desplazamiento efectuado por la expedición valencianista en tren para disfrutar los novedosos y confortables Intercitys, unos convoyes que acortaban el tiempo en los desplazamientos a Madrid y que se pusieron de moda por entonces.

El Valencia jugó como local dos partidos en el Carlos Belmonte tras el cierre de Mestalla

El Albacete apeló a su orgullo y se le subió a las barbas al conjunto de Pasieguito, incómodo por el ambiente y la garra del rival. El once local se llevó el triunfo por 1-0. Una derrota inesperada pero con margen de reparación. Nadie dudaba de la superioridad del Valencia y se daba por sentado que golearía en Mestalla en el choque de vuelta y que pasaría de ronda por la vía rápida. Nada de eso. Con un once de gala, los valencianistas sufrieron lo indecible ante un entusiasta oponente que se defendió con solvencia, resistió la avalancha local y forzó la prórroga. Fernando Morena se erigió en el salvador al conseguir los dos goles que le dieron la clasificación, uno antes del descanso y, el otro, en el primer tiempo del período suplementario, con el Alba mermado por una expulsión. La afición salió de Mestalla insatisfecha con su equipo que, sin embargo, dos semanas después, fue capaz de vencer al Nottingham Forest, por entonces, el mejor equipo del mundo en la final de la Súpercopa.

El club manchego reapareció en el horizonte del valencianismo a principios de los noventa para hablar de tú a tú a los de Mestalla. En los anales queda registrado que el primer triunfo de los manchegos en primera división fue ante el Valencia, dirigido por Guus Hiddink, en la segunda jornada de la temporada 91-92. Meses después, más de 10.000 hinchas del Albacete, transformado por obra y gracia de Benito Floro, en el 'Queso Mecánico' por la personalidad de su juego, invadieron el feudo valencianista. El choque concluyó en tablas, con gol de Quique para los locales, y un episodio que dio mucho que hablar, el técnico holandés ordenó la retirada de una bandera nazi que portaba un espectador. El Valencia hubo de esperar a la siguiente campaña para vencer, por fin, al Albacete y lo hizo por partida doble, 0-1 en el Belmonte y 2-0 en Mestalla. Pero en el recuerdo colectivo del valencianismo queda como la mejor noche la semifinal copera ganada en el 95 con goles de Robert Fernández y Lubo Penev que metió a los de Rielo en la final. Hoy, ante el Mestalla, se añade un nuevo episodio a esta historia.

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